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Yo, Presidente, casi dueño, casi esclavo de todos,
de todo. Ingratos malagradecidos, se oyen en coro chillando como el puerco
que ellos mismos mataron para hacerme una comida, ¡a mí!, a su entonces
recién electo Presidente Municipal, sí, se oyen como marranos los
cabrones malagradecidos.
Cuando nací no lloré con la nalgada de la partera porque si abría
el hocico se me atascaba de polvo, pinche desierto, un día de estos le
pongo pastito. Mi pueblo es Mazapil, ‘ta en Zacatecas, como a
cuatrocientos kilómetros de la capital, mas menos dos terracerías que de
no ser porque por ahí pasan las trocas se confundía con el resto. Me han
dicho que es uno de los municipios más grandes del país, pa’ mi que es
el más grande, si alcanza hasta allá donde mi ojo pelón ve, y con tanto
polvo ya ni veo bien, pero de todos modos es un chingo, pero un chingo de
puro desierto, yo no sé por que nací acá, si hasta coger está feo con
este calor seco. En la cabecera municipal somos doscientos veintiuno; seríamos
más pero Patrocinio, el pinche de Patrocinio se largo con toda su
chamacada y vieja cuando vio que la cosa se ponía fea, abandonándome, a
mí, que era como su hermano; y pa’ colmo su mendiga amante tenía que
ponerse ebria porque Patro se fue y ponerse a gritarle a todo el mundo las
“tranzas” que hacíamos el y yo. Pero si serán pendejas las viejas ¿pos’
que nunca vio que era por su propio bien? Pos si nunca nos quedámos la
lana así porque sí, era pa’ invertirlo, la imagen de un presidente
municipal trae inversiones, dinero llama dinero, si de por si tenemos
poquito subsidio y repartiéndolo a lo pendejo se va a ver más poquito y
va a llamar más poquito dinero; pero claro, la pendeja se enojó, soltó
la sopa y que me jodan ¿no? ¡pos que se joda ella y que se jodan todos
los pinches de oposición!
Yo que desde que estaba bien morrillo soñaba con ser Presidente
municipal, pa’ sacar a mi pueblo de la pobreza, pa’ ponerle columpios
y arbolitos al jardín, yo que me puse una joda estudiando hasta terminar
la primaria pa’ no ser un Presidente ignorante como los otros; esos si
eran unos rateros, ellos son los que deberían estar aquí, en mis botas
acusadas. Ora resulta, si los otros también tenían sus bisnes con los
narcos, nomás que ellos se tranzaban la lana, yo la estaba invirtiendo,
pa’ después darle más a mi pueblo, pero eso, claro, no lo entienden.
Me joden que porque mande a golpear y amenazar al cretino de
Juancho “el del progreso ancho”, pinche lema estúpido, si por el puro
lema debía de golpearlo, pero lo hice por mi pueblo, porque sólo yo
puedo darles lo que merecen.
Tengo ya tres meses aquí encerrado en este chiquero, curioso
nombre para ser donde me pusieron los puercos. Mañana se da a conocer el
veredicto final que emitió la suprema corte de injusticia en la capital.
José, el carcelero, dice que mañana, si se les ocurre dejarme libre por
falta de pruebas o una pendejada así me va a linchar, pero nomás lo dice
para asustarme; ya pasaron tres meses, seguro ya se dieron cuenta de que
no hay nadie mejor que yo para dirigirlos, y cuando salga con gusto voy a
tomar las riendas de nuevo porque hay que ir por más, no solo Mazapil
necesita alguien como yo, todo el estado me necesita y si me topo con otro
Juancho le compramos su ataúd bien ancho, porque a veces hay que ser de
mano dura pa’ traer el progreso... democracia, ¿pos cómo quieren si no
saben ni lo que necesitan?.
Pero yo solo no puedo, y cuando todo esto llegue, tú mi nuevo
amigo vas a estar ahí, no digas nada, piénsalo, y cuando yo u otro yo te
lo recuerde, me dices.
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del concurso "Yo, Presidente"
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