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¡Yo
presidente!. ¡No más de dos años atrás jamás hubiera pensado en
serlo.
Tampoco
podía imaginar alguna vez, sentirme tan sólo en esta enorme mansión
rosada, en este momento.
Es cierto que veo todavía rondando sin sentido a los empleados
administrativos o funcionarios de algún rango y de carrera por pasillos
antes llenos de animadas conversaciones, risas y plena actividad.
Ahora sólo circulan algunos susurros casi protocolares y bocanadas
de silencio como si toda la gran casa no fuera otra cosa que una gran bóveda
de Recoleta.
Es sabido que estar en el poder no garantiza otra cosa que soledad
pero en este instante histórico, me siento aislado como un mísero átomo
de hidrógeno perdido en el espacio interestelar. No hubiera imaginado jamás,
cuando leía esos artículos de astronomía que tanto me gustaban que en
algún momento podría llegar a comprender ese contraste entre la
grandiosidad conteniendo tanto vacío.
¿En qué lugar de mi memoria quedaron aquellas primeras asambleas
barriales, mis primeros pasos de participación pública?. ¡Aquel
movimiento espontáneo que brotó como un sarampión en la cara de los
politosaurios!
Sí, es probable que estallásemos porque nos confiscaran los
ahorros pero aquello fue único, estábamos todos unidos; nosotros de la
clase media, los desocupados y hasta los prestamistas hipotecarios.
Allí empezó todo, el gran cambio en este país. La verdad yo
comencé a participar porque me robaron los pocos ahorros que tenía por
la indemnización de aquel
despido en el banco. Si no lo hacía igual reventaba de un infarto.
Tampoco tenía mucho que hacer con aquel corretaje sin ventas ni
cobranzas.
¡Cuántas marchas, escarches, martillazos a puertas de bancos,
cacerolas vacías pero sonoras!
¡Qué alegría y sorpresa cuando me nombraron los vecinos,
presidente de la asamblea del barrio!. Para algo me sirvió mi don de
decir siempre lo justo para revolver el ambiente y lo que aprendí en el
arte de vender.
¡Los políticos no entendieron que se armaba una movida que los
barrería del mapa!. Nunca pensaron que la gente verdaderamente quería
que se fueran todos como les gritábamos.
¡Sin embargo, lo que más rabia les dio fue que les ganáramos la
elección por tan poco!.
¡El pueblo me eligió a mi como una persona que representaba al
hombre común argentino, harto de tanta corrupción!. ¡A mi, un despedido
bancario del barrio de Caballito, hincha de Ferro y solamente Perito
Mercantil!
A mí que fui víctima de todos los males juntos de esa época; la
desocupación, el corralito y la deuda hipotecaria. Nadie podía reunir
tantos requisitos de bronca, sufrimiento y marginación.
Nadie podía conocer mejor que yo lo que pasaba en aquella sociedad
devastada y por lo tanto reunir las condiciones reales para conducir el
cambio que todos pedían.
¡Qué lindos fueron aquellos primeros momentos en mi presidencia,
rodeado del cariño de toda la buena gente!
¡No podrán decir nunca que no cumplí con lo prometido, siempre
hice lo que el pueblo quería!
¡Querían que rompiera con el Fondo y rompí!. Nos arreglamos con
lo que producimos nosotros porque tenemos de todo.
¡Antes no había consumo interno, ahora hay poco pero comemos
todos!. Por eso me acusaron de castrista y de que nadie nos compraba nada
en el exterior.
¿Qué nos importa si este país es rico en recursos?
¡Recuperé los ahorros de toda la gente que fue estafada y me señalaron
como culpable de que se fundieran casi todos los bancos y que mis compañeros
bancarios quedaran si empleo.
¡Claro, los empleados no pueden reubicarse en otras actividades
que le hagan caer el status!. Los bancos ahora son casi todos cooperativos
y le prestan plata a cualquiera. Después empezaron con que el dólar subía
todos los días.
¿Qué nos importaba si sólo se usaba para el turismo?. ¿No estábamos
fuera del mundo?.
Cuando salieron con que se iban todos los capitales extranjeros y
no vendría nadie más a invertir, les dije que no importaba, que nosotros
nos arreglaríamos con la tecnología que produjéramos.
¡Si, claro hubo atraso, faltaron insumos, proliferaron los
medicamentos alternativos pero se desarrolló el ingenio argentino y hubo
trabajo para todos!
¡Bajamos la desocupación a los índices de los países que están
en el mundo, en menos de dos años!
¿De qué sirvió hacer todo eso?. ¿Todo lo que la gente dijo que
nos iba a salvar?
¿Dónde está ese pueblo cacerolero, mi pueblo?. ¡Ni uno hay en
la Plaza de Mayo hoy!
Está bien, yo los comprendo, también les tendría miedo a una
invasión de marines, al lado de nuestros tanques. Mi gabinete tampoco está
claro, renunciaron todos y se rajaron al exterior. No les tengo rencor,
fueron leales conmigo, menos el tarado del canciller.
¿Quién me manda a nombrar un canciller que se llama Mendieta?
Ah.. ya se oyen ruidos de fierros afuera. Bueno la historia dirá
que yo no renuncié y que me tuvieron que sacar con sillón incluido.
Para algo me sirvió la experiencia de aquellas protestas. Allí
aprendí a encadenarme como ahora lo estoy al sillón de Rivadavia.
Ya lo hice una vez a un cajero automático del Banco que me afanó
y me despidió
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del concurso "Yo, Presidente"
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