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Yo,
presidente... Dueño de las decisiones y sus efectos inmediatos.
Protagonista de la historia, de vidas y muertes. La conclusión y
frustración de los deseos, de muchos y pocos. Presidente, elegido por la
mayoría de la republica para decidir el futuro de todos... esta tos,
vuelve de nuevo...
Allí entra esa mujer que viste y peina como varón.
Otra vez oír su voz afónica. Parece que a propósito la hace grave. No
me gusta. Menos que haya renunciado a caminar como mujer. De obligado la
elegí como secretaria, hay mucha gente que no quiero en mi entorno, pero
debo pagar favores, no se llega al poder por bueno ni por cristiano.
-Maria José, no me explique la nueva ley que la sé-. Bien que conozco
sus intenciones, ella pertenece al Partido Liberal de Izquierda, y quiere
influir. Una rama de mi partido...
El otoño... las hojas
amarillas vuelan y caen según la línea de los árboles, que delimitan el
acceso desde la entrada hasta la casa. ¿Quién habrá dispuesto la
formación de los árboles? Como si hubiera pensado en los que la ven
desde este punto y altura de la casa... Como te quise y quiero Maria, este
corazón que dibujo sobre mi aliento, sobre la ventana -bien se lee desde
afuera lo que escribo- ja, así te enamore “te amo Maria” habías leído,
me asustaste cuando no te movías, cuando estuve a tu lado dijiste
“también te amo” Pero has muerto... Me habías inculcado el amor a la
vida, me habías enseñado acerca de Dios, tú Dios, qué a diferencia del
mío, el tuyo vive con carácter y personalidad. Y abriste la Biblia para
que lo conozca. Y hoy descansas en la memoria de él, y en la mía... solo
que él te puede despertar, y no yo, ja, grandes diferencias... poderes...
El botón rojo del maldito teléfono otra vez, quisiera anularlo -lo sé,
falta media hora para la reunión con los del partido Maria José- pero...
la tos de nuevo... me debo a la responsabilidad que asumí. ¿Dónde deje
los caramelos para la tos?.
Siete minutos faltan para
que la reunión termine. Quisiera bostezar, tengo unas ganas... quisiera
disfrutar de este momento de fatiga, pero no, no, debo vigilar mi actitud,
mis gestos, hasta de como miro la hora... debo calcular que nada se
interprete mal en cada uno de ellos, porque lo que sale de mi boca es ley
para ellos, así funciono desde el principio de esta ultima elección...
“trucho, pero la intención es lo que cuenta” dijo Maria cuando me
regalo este reloj de pulsera, hace tanto tiempo. Estábamos de malas...
Se avecinan nuevas
elecciones, tres veces fui presidente, pude haber sido cuatro. Los
personajes de la mesa quieren que siga. Estoy cansado. Sin embargo, las
decisiones que tome, de hoy en adelante, deben causar buena impresión en
la gente, a favor del partido; decisiones a corto plazo para generar buen
efecto... No me gusta la generación que me sucede. Aquí los veo,
sentados a lo largo de esta mesa, moviendo sus bocas, sus manos, levantándose
y sentándose, fumando, flirteándose... He cometido errores como
presidente, pero tuve la oportunidad de redimirme, la republica pedía a
gritos trabajo, estabilidad; solo piensa en dinero, el sistema es dinero,
el dinero es un dios, y la prioridad del presidente es dejar a sus
ciudadanos con dinero en los bolsillos. Mantener vivo al dios de este
sistema, eso aprendí con la experiencia, después, no te metas ni toques
las decisiones profundas de la gente, la que tiene que ver con sus deseos,
su persona, el estilo de vida, porque la gente quiere decidir por su
cuenta lo que es malo y lo que es bueno, y se inventa el dios a su
medida...
Solo cuatro personas me son leales en esta mesa,
estuvieron en mis tres gobiernos, y si están es porque les permití
crecer... había que diagramar la estructura social del poder: el voto.
Pensar que la estrategia nació con un relato de mi esposa, hablaba de los
cristianos del primer siglo, de como cristianizaban a las naciones que
desconocían a su Dios “de casa en casa, de pueblo en pueblo”. No
recuerdo cual fue la verdadera intención de Maria, algo me quería enseñar,
lo que sí recuerdo fue la estrategia, “de pueblo en pueblo”. Y estas
cuatro personas recorrieron el país; conocen todos los pueblitos y
villas, en todas delegaron autoridad, un maestro, un bombero, un medico,
bah, punteros. Los deje crecer y ahora tienen poder para decidir,
influenciar en la estructura del partido... –Siga, siga, lo estoy
escuchando- por poco y yerro, se reacomodan en sus lugares, como estaban,
y sigue el juego del poder. Ja, todavía tengo la pregunta en la punta de
la lengua. Me habrían tomado por loco o viejo senil ¡Aunque los dos
estados son iguales hoy!... entre estos no hay ninguno que crea en Dios,
ni siquiera se han preguntado si existe, menos si tiene causa. Todos de
pie, al fin se van. Ahora, a recibir saludos y palmadas. Ah... se acabaron
los caramelos. Por fortuna no discutimos la ley que ayer llego a mi
escritorio. La darán por aprobada.
-Maria José, dos
personas vendrán a las doce en punto, los hace entrar, e insiste con algún
refrigerio. Hasta que ellos no salgan no quiero ser interrumpido, entendió-
Mantuve en secreto esta cita, tonto seria ocultarla. El escándalo que
cotorreara esta mujer cuando los vea.
Había conocido la señorita
en la calle, ella no me reconoció, y la cite porque me gustaría saber
acerca de ellos. Había escrito la dirección prolijamente en su libreta,
se habrá sorprendido al llegar hasta aquí. Olivos. ¿Porque la cite?.
Habrá sido su calidez, su manera de hablar y abordarme. Ja, no fue interés
romántico, menos erótico. Dijo que vendría acompañada. Allí está,
aquél sera ¿novio? ¿esposo? –adelante, siéntanse cómodos-.
Que agradable conversación...
él manejo la línea de la conversación, y ella es la flor en tan
objetivo ramaje. -¿Cuándo se inicia la vida? Perdón, deguste el té
Pablo- como la pifie, sera por confianza... Habla ella, oh... mejor presto
atención...
–si a usted la violan,
disculpe que sea hosco, pero, que haría usted en caso de quedar
embarazada...
–y si sabe que su hijo
morirá a los días de respirar... Anencefalia por ejemplo...
–No. No me interesa
saber lo que usted o su iglesia piensa de los demás. Usted, usted y sus
creencias, como funciona, que siente, eso me interesa...
Para cada respuesta abrió
la Biblia, como hacia mi mujer cuando estaba viva... hay principios dijo,
los de la vida, nadie desea ser victima del mal, pero, ella apostaría por
la vida, esta convencida... también me dijo que hay enfermedades,
lamentablemente, y queda ha conciencia. Pero el asunto va más allá del
principio dijo, se puso a pensar, lagrimeo... ¿Sintió lo que sintió el
creador al enviar a su hijo? ¿Una muerte segura?... ¿habrá pertenecido
a la misma fe mi mujer? ¿En su juventud?... Esta muerta y todavía me
sorprende. Te extraño Maria...
Ya decidí... Otra vez la
tos... El “sí” y el “no” surgían según mi conveniencia. La
conveniencia del partido, la conciencia queda como segundo plano en este
trabajo. Mi corazón, hoy, dice “no” a esta ley... Ja, mi esposa estaría
orgullosa. Mis hijos se sorprenderán. Mis nietos aprenderán... Ja,
imagino los titulares de mañana... la tos... Imagino a los miembros de mi
partido mañana, van a tener que reformular su discurso moral, para
parecer coherente con mi decisión. ¡Moralidad! Poco saben de estos
temas, la definen según sus deseos y circunstancias. No me declararan la
guerra porque estoy viejo y presto a retirarme... asumirán tranquilos la
situación... se viene la pelea por el sillón... esta tos, duele... no
permitiré que el sopor moral europeo absorba a la republica, esta tos me
tiene mal
-¡Maria!... ¡Maria!
Mujer, conteste- dijo el presidente con autoridad al teléfono
-Si, acá estoy señor-
contesto asustada por el grito
-¡hable
fuerte! Venga con papel y lápiz, llame al departamento legal, hoy
“vetare” la ley a favor del aborto. ¡Y póngase una pollera carajo!
Si no, considérese despedida
-Sí
-Y compórtese
como corresponde. Creo que, entiende ¡Ja!-... No contesta, mejor cortar.
Hoy seré leal a mis convicciones. Las que descubrí de mis padres. Las
que no oí de mi esposa. Las de mi Dios... Recuerdo la canción, Maria
inventaba Salmos, cantaba así “en el cielo corren nubes. Claras, nítidas,
y justas. Que muchos quieren detener, pero como sus armas no alcanzan,
prefieren no ver”. Oh Dios mío ¿y esta angustia repentina de donde
viene? Estoy llorando. ¿Habrás sentido este dolor al enviarlo? ¿Sospechando
lo que iba a suceder?
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del concurso "Yo, Presidente"
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