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"Yo, Presidente":

Cuento elegido por El Escriba

 

 

 

PRELUDIO A LA DECISIÓN

por Esteban Álvarez, San Andrés, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

 

Yo, presidente... Dueño de las decisiones y sus efectos inmediatos. Protagonista de la historia, de vidas y muertes. La conclusión y frustración de los deseos, de muchos y pocos. Presidente, elegido por la mayoría de la republica para decidir el futuro de todos... esta tos, vuelve de nuevo...

Allí entra esa mujer que viste y peina como varón. Otra vez oír su voz afónica. Parece que a propósito la hace grave. No me gusta. Menos que haya renunciado a caminar como mujer. De obligado la elegí como secretaria, hay mucha gente que no quiero en mi entorno, pero debo pagar favores, no se llega al poder por bueno ni por cristiano. -Maria José, no me explique la nueva ley que la sé-. Bien que conozco sus intenciones, ella pertenece al Partido Liberal de Izquierda, y quiere influir. Una rama de mi partido...

El otoño... las hojas amarillas vuelan y caen según la línea de los árboles, que delimitan el acceso desde la entrada hasta la casa. ¿Quién habrá dispuesto la formación de los árboles? Como si hubiera pensado en los que la ven desde este punto y altura de la casa... Como te quise y quiero Maria, este corazón que dibujo sobre mi aliento, sobre la ventana -bien se lee desde afuera lo que escribo- ja, así te enamore “te amo Maria” habías leído, me asustaste cuando no te movías, cuando estuve a tu lado dijiste “también te amo” Pero has muerto... Me habías inculcado el amor a la vida, me habías enseñado acerca de Dios, tú Dios, qué a diferencia del mío, el tuyo vive con carácter y personalidad. Y abriste la Biblia para que lo conozca. Y hoy descansas en la memoria de él, y en la mía... solo que él te puede despertar, y no yo, ja, grandes diferencias... poderes... El botón rojo del maldito teléfono otra vez, quisiera anularlo -lo sé, falta media hora para la reunión con los del partido Maria José- pero... la tos de nuevo... me debo a la responsabilidad que asumí. ¿Dónde deje los caramelos para la tos?.

Siete minutos faltan para que la reunión termine. Quisiera bostezar, tengo unas ganas... quisiera disfrutar de este momento de fatiga, pero no, no, debo vigilar mi actitud, mis gestos, hasta de como miro la hora... debo calcular que nada se interprete mal en cada uno de ellos, porque lo que sale de mi boca es ley para ellos, así funciono desde el principio de esta ultima elección... “trucho, pero la intención es lo que cuenta” dijo Maria cuando me regalo este reloj de pulsera, hace tanto tiempo. Estábamos de malas...

Se avecinan nuevas elecciones, tres veces fui presidente, pude haber sido cuatro. Los personajes de la mesa quieren que siga. Estoy cansado. Sin embargo, las decisiones que tome, de hoy en adelante, deben causar buena impresión en la gente, a favor del partido; decisiones a corto plazo para generar buen efecto... No me gusta la generación que me sucede. Aquí los veo, sentados a lo largo de esta mesa, moviendo sus bocas, sus manos, levantándose y sentándose, fumando, flirteándose... He cometido errores como presidente, pero tuve la oportunidad de redimirme, la republica pedía a gritos trabajo, estabilidad; solo piensa en dinero, el sistema es dinero, el dinero es un dios, y la prioridad del presidente es dejar a sus ciudadanos con dinero en los bolsillos. Mantener vivo al dios de este sistema, eso aprendí con la experiencia, después, no te metas ni toques las decisiones profundas de la gente, la que tiene que ver con sus deseos, su persona, el estilo de vida, porque la gente quiere decidir por su cuenta lo que es malo y lo que es bueno, y se inventa el dios a su medida...

Solo cuatro personas me son leales en esta mesa, estuvieron en mis tres gobiernos, y si están es porque les permití crecer... había que diagramar la estructura social del poder: el voto. Pensar que la estrategia nació con un relato de mi esposa, hablaba de los cristianos del primer siglo, de como cristianizaban a las naciones que desconocían a su Dios “de casa en casa, de pueblo en pueblo”. No recuerdo cual fue la verdadera intención de Maria, algo me quería enseñar, lo que sí recuerdo fue la estrategia, “de pueblo en pueblo”. Y estas cuatro personas recorrieron el país; conocen todos los pueblitos y villas, en todas delegaron autoridad, un maestro, un bombero, un medico, bah, punteros. Los deje crecer y ahora tienen poder para decidir, influenciar en la estructura del partido... –Siga, siga, lo estoy escuchando- por poco y yerro, se reacomodan en sus lugares, como estaban, y sigue el juego del poder. Ja, todavía tengo la pregunta en la punta de la lengua. Me habrían tomado por loco o viejo senil ¡Aunque los dos estados son iguales hoy!... entre estos no hay ninguno que crea en Dios, ni siquiera se han preguntado si existe, menos si tiene causa. Todos de pie, al fin se van. Ahora, a recibir saludos y palmadas. Ah... se acabaron los caramelos. Por fortuna no discutimos la ley que ayer llego a mi escritorio. La darán por aprobada.

-Maria José, dos personas vendrán a las doce en punto, los hace entrar, e insiste con algún refrigerio. Hasta que ellos no salgan no quiero ser interrumpido, entendió- Mantuve en secreto esta cita, tonto seria ocultarla. El escándalo que cotorreara esta mujer cuando los vea.

Había conocido la señorita en la calle, ella no me reconoció, y la cite porque me gustaría saber acerca de ellos. Había escrito la dirección prolijamente en su libreta, se habrá sorprendido al llegar hasta aquí. Olivos. ¿Porque la cite?. Habrá sido su calidez, su manera de hablar y abordarme. Ja, no fue interés romántico, menos erótico. Dijo que vendría acompañada. Allí está, aquél sera ¿novio? ¿esposo? –adelante, siéntanse cómodos-.

Que agradable conversación... él manejo la línea de la conversación, y ella es la flor en tan objetivo ramaje. -¿Cuándo se inicia la vida? Perdón, deguste el té Pablo- como la pifie, sera por confianza... Habla ella, oh... mejor presto atención...

–si a usted la violan, disculpe que sea hosco, pero, que haría usted en caso de quedar embarazada...

–y si sabe que su hijo morirá a los días de respirar... Anencefalia por ejemplo...

–No. No me interesa saber lo que usted o su iglesia piensa de los demás. Usted, usted y sus creencias, como funciona, que siente, eso me interesa...

Para cada respuesta abrió la Biblia, como hacia mi mujer cuando estaba viva... hay principios dijo, los de la vida, nadie desea ser victima del mal, pero, ella apostaría por la vida, esta convencida... también me dijo que hay enfermedades, lamentablemente, y queda ha conciencia. Pero el asunto va más allá del principio dijo, se puso a pensar, lagrimeo... ¿Sintió lo que sintió el creador al enviar a su hijo? ¿Una muerte segura?... ¿habrá pertenecido a la misma fe mi mujer? ¿En su juventud?... Esta muerta y todavía me sorprende. Te extraño Maria...

Ya decidí... Otra vez la tos... El “sí” y el “no” surgían según mi conveniencia. La conveniencia del partido, la conciencia queda como segundo plano en este trabajo. Mi corazón, hoy, dice “no” a esta ley... Ja, mi esposa estaría orgullosa. Mis hijos se sorprenderán. Mis nietos aprenderán... Ja, imagino los titulares de mañana... la tos... Imagino a los miembros de mi partido mañana, van a tener que reformular su discurso moral, para parecer coherente con mi decisión. ¡Moralidad! Poco saben de estos temas, la definen según sus deseos y circunstancias. No me declararan la guerra porque estoy viejo y presto a retirarme... asumirán tranquilos la situación... se viene la pelea por el sillón... esta tos, duele... no permitiré que el sopor moral europeo absorba a la republica, esta tos me tiene mal

-¡Maria!... ¡Maria! Mujer, conteste- dijo el presidente con autoridad al teléfono

-Si, acá estoy señor- contesto asustada por el grito

-¡hable fuerte! Venga con papel y lápiz, llame al departamento legal, hoy “vetare” la ley a favor del aborto. ¡Y póngase una pollera carajo! Si no, considérese despedida

-Sí

-Y compórtese como corresponde. Creo que, entiende ¡Ja!-... No contesta, mejor cortar. Hoy seré leal a mis convicciones. Las que descubrí de mis padres. Las que no oí de mi esposa. Las de mi Dios... Recuerdo la canción, Maria inventaba Salmos, cantaba así “en el cielo corren nubes. Claras, nítidas, y justas. Que muchos quieren detener, pero como sus armas no alcanzan, prefieren no ver”. Oh Dios mío ¿y esta angustia repentina de donde viene? Estoy llorando. ¿Habrás sentido este dolor al enviarlo? ¿Sospechando lo que iba a suceder?

 

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