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Cada día es una gran aventura en la vida, ya
sea porque este llena de pequeñas cosas hasta llegar a las vivencias un
poco más arriesgadas. De las virtudes de la misma, varios concordaran
conmigo al decir que el ejercer con placer una profesión es un sueño
alcanzado. Muchas de las carreras llegan a ser honoríficas, y en ésta
lista contamos con el periodismo sin lugar a dudas. Por otra parte, las
aventuras de un corresponsal son innumerables como las de nuestro amigo
Jorge Dumbar; nos pasaríamos mucho tiempo hablando de él y su trabajo,
pero quien les relata tiene interés en contarles una vivencia muy
particular dónde chocan dos sueños, sí, dos sueños.
Nuestro amigo, un joven corresponsal de unos
treinta y tantos años, trabajaba para un reconocido periódico de su
ciudad. Su espíritu emprendedor –y quizás un poco de ego– lo habían
llevado a luchar por obtener reconocimiento, aunque él muy particularmente
le llamaba: Respeto a su trabajo. Tenía una muy buena esposa y un
par de niños consentidos. Su vida era exitosa si nos ponemos a compararla,
pero él sentía que aún no alcanzaba algo realmente “admirable”, quería
tener una experiencia nueva en su labor y se postuló como participante de
un reportaje especial que se realizaría en el extranjero. Fue seleccionado
junto al resto del equipo y partirían en un par de días, no tenían una
fecha de regreso pero esto a él no le importó mucho en ése momento.
Al regresar a casa, su rostro poseía un no
sé qué de jovialidad; su esposa Ana –que era muy perceptiva como la
mayoría de las féminas– lo notó de inmediato y supuso que algo había
ocurrido, sin embargo, no quiso decirle nada hasta que él quisiera
comentarlo.
Él, a la hora de la cena, le dijo con gran
orgullo a su familia que iba hacer un reportaje especial en el exterior,
que pasaría algún tiempo fuera pero que descuidasen pues les recompensaría
con muchos regalos al volver; su esposa quedó atónita, jamás se había
imaginado que su esposo se fuese de viaje así nomás, y de paso tan lejos.
La alegría se mostró en la cara de los pequeñuelos, obviamente, resultado
de haber dicho: muchos regalos al volver, y abrazaron a su buen
papá. Pero, lo mismo no ocurrió con su mujer, ella yacía inerte y no
mencionó palabra alguna.
Posteriormente, los niños fueron a ver un
poco de televisión mientras la esposa lavaba los platos, Dumbar se fue
hasta la cocina y se puso entonces a platicar con ella.
–No me has dicho nada de la noticia que te
he traído.
–¿Es que tenía que decir algo? –le dijo en
tono de reproche–. No me consideraste antes de tomar la decisión, así que,
¿para qué necesitas una opinión ahora?
–Pensé que te alegrarías. ¡Vamos! Es una
gran oportunidad, cumpliré mi sueño; bueno, más bien: lo completaré. Sabes
cuánto adoro mi trabajo, esto me dará reconocimiento y experiencia.
La señora Dumbar trató de calmar sus ánimos,
por una parte él tenía razón, además cuánto podría tardar: una semana,
quizás dos… No era una cosa como para alterarla tanto, decidió preguntarle
a su marido cuál sería la fecha de su regreso y la respuesta no le cayó
muy bien: él no sabía.
–Está bien, no sabes cuándo regresas, bien…
Entonces dime de qué se trata el reportaje. ¿Cuál es tu trabajo allí? –Y
se quedó secando los platos.
Con gran emoción su marido le respondió:
–¡Seré corresponsal de guerra!
Aquella mujer sintió que se le iba el mundo.
¿Habría escuchado bien? ¿Su marido se iba a la guerra? Por el sobresalto
dejó caer el plato que cargaba en sus manos, y sonó un ruido estrépito
cuando se hizo mil pedazos. Miró a su esposo aterrorizada y él al verla
dejó de sonreír.
–¡Tú no vas a ningún lado! –le ordenó
entonces–. ¡Dios! ¿Qué estás pensando? ¿Acaso se te olvida que tienes dos
hijos? ¿Que en una de ésas te puede alcanzar una bala? No, tú no vas.
Una mujer siempre termina siendo
protectora, y pues esto no se aplica solamente a los niños, también se
aplica al marido. Ella seguía con su mirada firme, si los pequeños
hubiesen estado presentes seguro temerían a aquella cara de ogro, sin
embargo, detrás de ése caparazón estaba asustada, le aterraba la idea de
que algo le pudiese pasar a su esposo; por dentro era débil. Pensaba en
las mil y una razones que decirle para obligarlo a desistir de la idea,
pero cómo si aquel era su trabajo.
–Tú sabes que voy a ir porque es mi trabajo,
si no voy lo perderé y luego, ¿quién mantendrá la casa?
–¿Y si te pasa algo? Ellos (y señala en
dirección a la sala) se quedan sin papá. Te advierto: si sales por ésa
puerta, no volverás a entrar. O tu trabajo o nosotros, tú decides.
–¿Esta es tu forma de amarme, destruyendo
mis sueños? Me parece que eres muy egoísta, sólo piensas en ti; quieres
llevarte por delante mis anhelos. He esperado una oportunidad de
sobresalir y ahora que la tengo, en vez de ser comprensible eres la
primera que se opone. ¿Crees que tu amor te da derecho a limitarme? No
entiendo esa forma de amar y te desconozco.
–¿Egoísta yo? ¿Sabes cuál es mi sueño? Mi
primer sueño fue ser una profesional y ejercer, luego cambió y se
convirtió en mi familia, en hacer todo cuanto esté a mi alcance para que
estén bien. Tú eres parte de mi sueño y ahora vienes con que vas a exponer
tu vida, y me lo dices con una sonrisa como si eso pudiese tranquilizarme
y despreocuparme. Entonces dime tú: ¿Cuál sueño se esta llevando por
delante a cuál?
Esta pobre señora no era mala, ni siquiera
buscaba truncar el sueño de su esposo a propósito pero al estar en la
situación de peligro, o posible peligro, actúa como una fiera que
resguarda lo que es suyo. El mayor problema reside en: ¿Hasta dónde somos
capaces de llegar para “proteger” a alguien amado? Tristemente, a veces
por sobreprotección terminamos destruyendo: lo que queríamos preservar.
Fue terrible para él escuchar aquello, ella
sabía que lo que más adoraba en el mundo era precisamente su familia y su
trabajo. ¿Por qué le estaba haciendo eso? ¿Por qué ya no era la buena
mujer de los días anteriores? ¿Por qué no le apoyaba si siempre lo había
hecho? Estaba bastante decepcionado. Entonces llegó a éste dilema: ¿Qué
pasa cuándo la felicidad de una mitad de tu ser, resulta ser la
infelicidad de la otra?
Por esa noche no discutieron más sobre el
asunto.
Luego, la señora Dumbar llamó a su hermana
mayor pues necesitaba platicar sobre Jorge, esto alertó a la otra mujer
pues cuando le llamaba: Jorge, era porque estaba molesta o era algo
serio. Terminaron encontrándose por la tarde. Ana le contó todo lo
acontecido y le pidió algún consejo puesto que no sabía qué hacer.
–Mi querida hermana, el ponerle contra la
espada y la pared no te ha beneficiado en nada, de hecho sólo le has
decepcionado. Mira, tu sueño se ha cumplido: tu familia, pero él aún no
alcanza el suyo. Si decide no seguir su sueño, en algún punto del camino
comenzará a reprocharse a si mismo, y se convertirá en un ser frustrado
puesto que tuvo la oportunidad de luchar y la dejó ir. Si no le permites
ser, ya no será él. El amor verdadero nunca te impide realizar tus sueños,
si lo amas sabrás entenderlo.
–Es que yo lo entiendo, pero temo por él
–decía entre sollozos.
Al siguiente día, Dumbar tenía todo listo
para partir. Por un momento, dudó de aquel viaje, pensó que quizás debería
quedarse allí, pero tomó un aliento de coraje y colocó sus pertenencias en
el auto. Se despidió de los niños, quienes le recordaron lo que había
prometido. Luego, miró a su esposa y ella le acarició el rostro, sólo le
dijo con una sonrisa: Vuelve a mí. Su reacción tan tranquila causó
sorpresa y alegría en él.
–Volveré, no te preocupes. Además, no
estaremos lejos pues yo siempre los llevo conmigo –Y señaló su corazón con
la mano; le dio un gran abrazo y se despidió besando sus labios.
A partir de esto, Jorge fue corresponsal de
guerra algún tiempo. De todas esas experiencias, muchas fueron marcadas
con tinta indeleble en su memoria. También llevó algunas pequeñas libretas
en forma de diarios donde relataba vivencias, que según él, debían quedar
plasmadas en papel; posteriormente, basadas en ellas, comenzaría a
escribir un libro con la ayuda de su esposa para la trascripción.
Una noche yacía escribiendo muy tarde, Ana
lo fue a buscar rogándole irse a dormir ya, pero él le respondía:
–Ya casi termino, estoy escribiendo sobre un
día que hablé con un soldado herido, me decía que extrañaba mucho a su
familia, y hablé con una niña de seis años que...
–Amor, sé que te entusiasma lo del libro
pero ya ven a dormir, deja Las Crónicas de Dumbar descansar y
mañana las continúas.
Él le sonrió, y dejó todo para irse a
descansar pero súper contento porque su esposa le había dado lo que le
faltaba: el titulo.
–¿Sabes? Un día como hoy te vi en una
estrella, y ella me dijo: El amor verdadero nunca te impide realizar
tus sueños. Yo también pienso que es así…
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