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Marcel Gontrand
presenta su libro de poesía Argamasa, editado por Dunken.
Brevemente,
¿de qué trata tu libro?
Digamos
que la primera parte, “Itinerarios”, es una especie de tour de
force por mis vivencias de retornante, es decir, venía de pasar una época
dura, de pérdidas, de ausencia tras cartones artificiales que vanamente
suponía le agregaban paños fríos al tedio de mi personaje social: léase
perderse en inacabables laberintos de alcohol, drogas y patear la noche
con sus putas, no esas de la primera adolescencia, no esas mujeres, sino
propiamente revientes, miserias de las más crudas, hasta sospechar que
un no retorno era previsible en esa vorágine. Pero volví y ese es el
cuento de Itinerarios. La parte 2, “El libro de Mariana”, es
particularmente adorable para mí, es un amor idílico, enfermizo pero
amor al fin, con todo ese tinte obsesivo e ideal que uno puede depararle
a sus musas, Mariana es una mujer real pero yo la reinvento para esta
faena, la acaricio, la estrujo, la hago luz y sombra, la atomizo para
recuperarla entera y mía, lo cual en la vida real tal vez sea uno de
esos imposibles insuperables, quizás felizmente insuperables. Es mi
veta de romántico incurable el creer que una docena de poesías puedan
torcer una voluntad, su amor no me corresponde y acabo sincera y
cobardemente homenajeando a quien ame con los dientes bien apretados y
renunciando a mi pesar. Es muy adolescente esto pero no me preocupa,
ojalá este aspecto de mi adolescencia durara toda mi vida, uno sufre
por tantas banalidades, por qué no sufrir por amor, ¿porque no está
de moda? Y la última parte, esa “Sueltos atorados”, no son las
sobras al borde del plato, sino más vivencias de la ruta que temí
dejar afuera por ser tan presentes en mi presente. En realidad cómo se
arma un libro de poesías es mucho cosa del azar, había mucho más
material por estudiar pero esto fue lo que quedó, se armó así
como un autorrompecabezas, una autoselección evidentemente influida por
mi estado anímico: Perdí a mi padre en el medio y eso tiñó todo de
un color muy particular, de un dolor constructivo nuevo.
¿Cuándo
y por qué comenzaste a escribirlo?
No
hubo un día en particular, sólo sé que estaba en la mesa del bar de
un compañero, también escritor él, y la mano decidió ponerse en
automático y mandar a la hoja cuanto la cabeza le dictaba, es decir,
toda la primera parte casi no tuvo corrección, salió de corrido como
sale un crío: todo entero. Por eso seguramente un pulido poeta podría
hallar miles de errores si se lo propusiera como yo podría hallar
errores estilísticos en cualquier cosa que cayera en mis manos pero yo
no quise ni pude hacerlo, o sea, cómo pretender que un hijo negro se
vuelva rubio o huela a jazmines si en medio de todo ese líquido amniótico
y esa sangre oscura sólo puede oler a mierda, cómo pretender amoldar a
un hijo a mis predilecciones, imposible en ese instante anímico como
nunca antes. Si quiero ver el sol primero tengo que asomar la cabeza.
¿Por
qué decidiste publicarlo?
Es
simple. Vendí un departamento, tenía un resto importante y me
alcanzaba para financiar la publicación. Era el momento. En este mundo
hipercomercial sería utópico suponer que algún benefactor desde las
sombras decidiera apostar sus morlacos a mi poesía y es más, yo pensaría
que está a punto de volverse loco siendo así. Recuerdo al editor de
Dunken diciéndome "si hubieras escrito Harry Potter, ya estaríamos
en la esquina vendiéndolo como pan fresco pero esto es poesía..."
¡Guau! ¡menudo aliento! Pero para mí fue como si fuera un mono que
sabe que lo están matando a piñas pero queda media pelea todavía, así
que me paré con una sonrisa y seguí mi camino.
¿Tenés
otras obras publicadas? ¿Podrías contarnos si proyectás publicar
otras obras próximamente? ¿Nos podés adelantar algo sobre su
contenido?
A
la primera no. Lamentablemente, me hubiera gustado intentar algo antes
en mi vida a este respecto, en todo sentido, haber tomado riesgos antes
para alivianar este salto sin red de hoy. Tengo más que proyectos, un
par de obritas de teatro: una en colaboración, La Herencia, que
habla sobre dos primos que heredan una propiedad en el sur y se hospedan
en la casa de un milico del proceso que los termina torturando; otra,
Ultima Necat, es teatro bufonesco, casi un homenaje a Alfred Jarry, una
visión entre naive y mitológica de tres aprendices de dealers pateando
las calles de su barrio en pleno frenesí menemista. Tengo un libro
concluido hace rato, Dedicatoria al espanto, con más poesías,
que puede variar si llego a publicarlo y algunos cuentos sueltos de
varias épocas de mi vida de corte policial negro de ciencia ficción
que podrían adjuntarse a esta producción. Pero ni miras que tengo de
hacerlo efectivo salvo que me gane un generoso aporte de algún fondo de
cultura o consiga algún mecenas, es difícil que vean la luz, al menos
por ahora.
¿De
quién fue la idea de la tapa de este libro? ¿Quién la realizó?
La
idea fue totalmente mía, la fotografía la tomé yo, de unos bártulos
apilados en el parqué del departamento que acababa de vender, de
malvender, implicaba todo ese proceso maravilloso y doloroso del cambio,
de la mudanza y Argamasa es eso, una mutación en proceso que
seguramente seguirá teniendo sus rebotes en mí por largo tiempo.
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autor, su e-mail es
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