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La vida los separó, las
elecciones ya no coincidian, dejaron de verse y finalmente el tiempo
decidió sobre esa relación, lo que en general sucede con las relaciones
sin diferenciación ni de sexo ni de vínculo.
Pero el destino decidió
reencontrarlos o las ganas de uno de ellos de recordar aquellos tiempos
que no median las elecciones y casi ni
percibian las diferencias.
Martín, un gran ejecutivo
de cuentas que dejó que la vida pasara a su lado sin darese cuenta.
Benjamín, un tipo muy
terco, siempre debía tener razón, pero a diferencia de su amigo,
disfrutó cada minuto, se caso 6 veces, tuvo hijos con todas y
trabaja sin importarle donde. Actualmente vive de sus esporádicos
trabajos.
Un roce en Av. Florida
hizo posible el encuentro. Abrazos y hasta algunas intensas lágrimas, un
reencuentro muy emotivo. Ok, vamos a comer con mi actual novia, ella es
Oriental por eso es que te invito a su restaurante chino, hace muy poco
que estamos juntos y te juro que nunca, pero en ninguno de mis 6
matrimonios, sentí esta pasión inconmensurable.
Martín intrigadísimo,
acepta mientras se retira apurado de aquel encuentro.
Ya eran alrededor de las
ocho y Martín continúa petrificado en su computadora, mira su reloj y
sale corriendo a la cita. Mientras estaba
entrando observa la mesa de su amigo e ingnorándolo sin intención,
no le saca la mirada a su compañera, la hermosa chshin (estrella). Ojos
rasgados, manos muy largas y un cuerpo esbelto y sin un rasguño, era
realmente bella.
Imagínense que el
encuentro fue extraño, la intención era contarse todo lo que hicieron
durante estos años y la protagonista fue ella. Inesperadamente una
sensación verdadera recorre todo su cuerpo, ya no había nadie, estaba
shin, desnuda, arriba de una gran mesa china, esas que tienen un disco
encima para que uno pueda probar todos los platos, con sólo mover la
mesa. Pero ya no era Oriental, sus ojos ya no eran rasgados, su cuerpo estaba más oscuro y su mirada
ya no inspiraba intriga, era una mujer Occidental. De repente unos
terribles gritos que aclaman ¡ fuego, fuego,
fuego!!!!!!, se
incendiaba el restaurante, salían los cocineros encendidos, toda la gente
reapareció y corrían desesperados hacia la calle. Ella seguía en la
mesa, con esos cambios
abruptos, inentendibles para él. En ese momento se acerca a su oído y le
susurra, te quiero a pesar de no conocerte te quiero, pero siempre quise
morir incinerada. Corre hacia la cocina y se tira en el incendio.
El sin ningún rasguño
había cambiado su aspecto repentinamente, sus ojos ahora eran
rasgados, su cuerpo impune y su cerebro incinerado.
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del concurso Literatura Caliente
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