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Literatura caliente:

Cuento elegido por El Escriba

 

 

CIUDAD DE LUCES

por Renata Rush, Ciudad de Buenos Aires

La vida los separó, las elecciones ya no coincidian, dejaron de verse y finalmente el tiempo decidió sobre esa relación, lo que en general sucede con las relaciones sin diferenciación ni de sexo ni de vínculo.

Pero el destino decidió reencontrarlos o las ganas de uno de ellos de recordar aquellos tiempos que no median las elecciones y casi ni  percibian las diferencias.

Martín, un gran ejecutivo de cuentas que dejó que la vida pasara a su lado sin darese cuenta.

Benjamín, un tipo muy terco, siempre debía tener razón, pero a diferencia de su amigo,  disfrutó cada minuto, se caso 6 veces, tuvo hijos con todas y trabaja sin importarle donde. Actualmente vive de sus esporádicos trabajos.

Un roce en Av. Florida hizo posible el encuentro. Abrazos y hasta algunas intensas lágrimas, un reencuentro muy emotivo. Ok, vamos a comer con mi actual novia, ella es Oriental por eso es que te invito a su restaurante chino, hace muy poco que estamos juntos y te juro que nunca, pero en ninguno de mis 6  matrimonios, sentí esta pasión inconmensurable.

Martín intrigadísimo,  acepta mientras se retira apurado de aquel encuentro.

Ya eran alrededor de las ocho y Martín continúa petrificado en su computadora, mira su reloj y sale corriendo a la cita. Mientras estaba   entrando observa la mesa de su amigo e ingnorándolo sin intención, no le saca la mirada a su compañera, la hermosa chshin (estrella). Ojos rasgados, manos muy largas y un cuerpo esbelto y sin un rasguño, era realmente bella.

Imagínense que el encuentro fue extraño, la intención era contarse todo lo que hicieron durante estos años y la protagonista fue ella. Inesperadamente una sensación verdadera recorre todo su cuerpo, ya no había nadie, estaba shin, desnuda, arriba de una gran mesa china, esas que tienen un disco encima para que uno pueda probar todos los platos, con sólo mover la mesa. Pero ya no era Oriental, sus ojos  ya no eran rasgados, su cuerpo estaba más oscuro y su mirada ya no inspiraba intriga, era una mujer Occidental. De repente unos terribles gritos que aclaman ¡ fuego, fuego,  fuego!!!!!!,  se incendiaba el restaurante, salían los cocineros encendidos, toda la gente reapareció y corrían desesperados hacia la calle. Ella seguía en la mesa,  con esos cambios abruptos, inentendibles para él. En ese momento se acerca a su oído y le susurra, te quiero a pesar de no conocerte te quiero, pero siempre quise morir incinerada. Corre hacia la cocina y se tira en el incendio.

El sin ningún rasguño había cambiado su aspecto repentinamente, sus ojos ahora eran  rasgados, su cuerpo impune y su cerebro incinerado.

 

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