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Qué mejor que una playa desierta, un cielo gris y
un sol que a duras penas se anima a asomar. Cuál otro lugar seria era
adecuado para poder escapar. Eso pensaba, y mientras sus ideas corrían
con desenfreno por su cabeza, un calor acechaba su corazón mientras lo
convertía en cenizas.
No podía volver a aquel lugar, sabia perfectamente
que esa playa la estaba esperando, pero no podía volver.
Mientras tanto la ciudad anunciaba una sensación térmica
definitivamente histórica, insoportable para cualquier mortal.
Entonces decidió salir, el silencio era abrumador,
un cielo celeste como el mar y un sol radiante prendido fuego contemplaban
una ciudad desierta muestra de calor. La transpiración corría por su
cuello y no había brisa que fuera capaz de refrescar su alma.
Definitivamente esa ni aquella playa eran la
salida. No había manera de poder escapar de los pensamientos que la
acosaban sin remedio.
Ese tipo de pensamientos no podían modificarse así
tan fácilmente, eso lo sabia, lo que no podía entender era como habían
llegado a invadir su mente, su cuerpo, su alma.
Resulta que una vez en una
playa desierta donde el mar
se confundía con el cielo, apareció una imagen hermosa, tan hermosa como
sublime, radiante, única, inconfundible.
Una imagen que no se podía
contar, una imagen que nadie conocía. Era como percibir sin objeto, como
una falsificación de aquella percepción que solo podía persistir en su
cabeza, en esa cabeza preparada para él mas allá.
Ella la miró, la admiro
enseguida y desde allí que su único camino era aquel que la llevara a
esa imagen. Sucede que cada
paso que daba era interminable, sus pies se hundían en la arena como
fatigados y era imposible poder ver con la misma nitidez que esa imagen se
había apoderado de su ser.
Le puso cuerpo, le agrego
sentimientos. Y así tratando que no esfumara seguía su camino como una
incógnita como en secreto, ella guardaba un secreto.
Ah, porque no les conté,
mientras desesperadamente corría a ese encuentro,
esa imagen tan efímera, se presentó real. Y de repente, como
magia, una luz que irradiaba
calor infrahumano se convirtió en mujer, tangible,
pero igualmente hermosa, sublime. Fue ahí en ese momento donde
nada importó, ni el sexo, ni el cielo, ni el sol, nada mas que dos
fortalezas entrelazadas tratando de apagar un fuego sobrehumano, que iba
mas allá de lo inconsciente.
El tiempo corría veloz,
entre aquella playa y este incesante calor que derretía los recuerdos.
Tenía miedo, eros y tánatos
peleaban por salir mientras su cuerpo se sentía invadido por una pulsión
externa que ella no conocía. Una fuerza interior manejaba sus pasos llevándola
a ese lugar y un pensamiento insistente hacia fuerza para borrar esa
escena.
Definitivamente no existe,
mis imágenes fantásticas fueron capaces de construir una realidad que me
atormenta, se convencía, estaré alucinando....
Pero como puede ser que
todavía sienta sus manos recorrerme con furia, como una fantasía puede
despertar estos sentimientos tan vivos, tan únicos.
Y entre la confusión mas
grande de su vida, decidió volver creyendo que aclararía su cabeza.
Unos momentos antes de
pisar la arena su corazón comenzó a latir, la temperatura de su cuerpo a
subir, mientras sus ojos buscaban una mezcla de realidad y fantasía que
le provocaba miedo.
Todo parecía normal,
tranquilo, demasiado tranquilo, entonces se relajó. Caminaba sin prisa
hundiendo en el agua
transparente sus pies cansados, mientras su mente hacia fuerza para
catapultar esa imagen.
Pasaban los minutos, las
horas, los recuerdos. Cuando de repente, sintió la necesidad de volver a
verla y fue ahí cuando una energía sobrenatural
desvío su mirada y todo se convirtió...
Ahí estaba, tan perfecta y celestial como antes, y nuevamente
dejó existir el cielo, el mar, el sol, el sexo y todo se tornó de una
belleza absoluta capaz de cautivar a cualquier mortal.
Entonces ella se paró
delante y sin pensar cometió el error mas grande de su vida.
Abrió los ojos.
Y como magia, la imagen desapareció.
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del concurso Literatura Caliente
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