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Literatura caliente:

Cuento elegido por El Escriba

 

 

LITERATURA CALIENTE

por María Fernanda Montessano, Ciudad de Buenos Aires

Qué mejor que una playa desierta, un cielo gris y un sol que a duras penas se anima a asomar. Cuál otro lugar seria era adecuado para poder escapar. Eso pensaba, y mientras sus ideas corrían con desenfreno por su cabeza, un calor acechaba su corazón mientras lo convertía en cenizas.

No podía volver a aquel lugar, sabia perfectamente que esa playa la estaba esperando, pero no podía volver.

Mientras tanto la ciudad anunciaba una sensación térmica definitivamente histórica, insoportable para cualquier mortal.

Entonces decidió salir, el silencio era abrumador, un cielo celeste como el mar y un sol radiante prendido fuego contemplaban una ciudad desierta muestra de calor. La transpiración corría por su cuello y no había brisa que fuera capaz de refrescar su alma.

Definitivamente esa ni aquella playa eran la salida. No había manera de poder escapar de los pensamientos que la acosaban sin remedio.

Ese tipo de pensamientos no podían modificarse así tan fácilmente, eso lo sabia, lo que no podía entender era como habían llegado a invadir su mente, su cuerpo, su alma.

Resulta que una vez en una playa desierta  donde el mar se confundía con el cielo, apareció una imagen hermosa, tan hermosa como sublime, radiante, única, inconfundible.

Una imagen que no se podía contar, una imagen que nadie conocía. Era como percibir sin objeto, como una falsificación de aquella percepción que solo podía persistir en su cabeza, en esa cabeza preparada para él mas allá.

Ella la miró, la admiro enseguida y desde allí que su único camino era aquel que la llevara a esa imagen. Sucede que  cada paso que daba era interminable, sus pies se hundían en la arena como fatigados y era imposible poder ver con la misma nitidez que esa imagen se había apoderado de su ser.

Le puso cuerpo, le agrego sentimientos. Y así tratando que no esfumara seguía su camino como una incógnita como en secreto, ella guardaba un secreto.

Ah, porque no les conté, mientras desesperadamente corría a ese encuentro,  esa imagen tan efímera, se presentó real. Y de repente, como magia,  una luz que irradiaba calor infrahumano se convirtió en mujer, tangible,  pero igualmente hermosa, sublime. Fue ahí en ese momento donde nada importó, ni el sexo, ni el cielo, ni el sol, nada mas que dos fortalezas entrelazadas tratando de apagar un fuego sobrehumano, que iba mas allá de lo inconsciente.

El tiempo corría veloz, entre aquella playa y este incesante calor que derretía los recuerdos.

Tenía miedo, eros y tánatos peleaban por salir mientras su cuerpo se sentía invadido por una pulsión externa que ella no conocía. Una fuerza interior manejaba sus pasos llevándola a ese lugar y un pensamiento insistente hacia fuerza para borrar esa escena.

Definitivamente no existe, mis imágenes fantásticas fueron capaces de construir una realidad que me atormenta, se convencía, estaré alucinando....

Pero como puede ser que todavía sienta sus manos recorrerme con furia, como una fantasía puede despertar estos sentimientos tan vivos, tan únicos.

Y entre la confusión mas grande de su vida, decidió volver creyendo que aclararía su cabeza.

Unos momentos antes de pisar la arena su corazón comenzó a latir, la temperatura de su cuerpo a subir, mientras sus ojos buscaban una mezcla de realidad y fantasía que le provocaba  miedo.

Todo parecía normal, tranquilo, demasiado tranquilo, entonces se relajó. Caminaba sin prisa hundiendo en  el agua transparente sus pies cansados, mientras su mente hacia fuerza para catapultar esa imagen.

Pasaban los minutos, las horas, los recuerdos. Cuando de repente, sintió la necesidad de volver a verla y fue ahí cuando una energía sobrenatural  desvío su mirada y todo se convirtió...

 Ahí estaba, tan perfecta y celestial como antes, y nuevamente dejó existir el cielo, el mar, el sol, el sexo y todo se tornó de una belleza absoluta capaz de cautivar a cualquier mortal.

Entonces ella se paró delante y sin pensar cometió el error mas grande de su vida.

Abrió los ojos.

Y como magia, la imagen desapareció.

 

 

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