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"Literatura ajustada":

Cuento elegido por El Escriba

 

 

LOS TRES AJUSTES

por María Verónica Bonura, de Buenos Aires

 

La mañana había asomado en el sur, el viento le hablaba a las ventanas y el sol dejaba entre ver sus primeros rayos. Paula se despertó y se asomó al balcón, allí observó las montañas a su alrededor y contempló las formas de las nubes. Mientras miraba recordó que en tan sólo unos días sería su cumpleaños. Así fue que decidió hacer un balance del año número 27, quizás revivirlo en el recuerdo sería resignificarlo en la actualidad.

Tomó un lápiz HB, buscó algunas hojas entre todo su revoltijo y apoyándose en la cama comenzó a escarbar en sus recuerdos y a llevar al papel aquellos que se dejaban venir a su mente. Así fue que Paula comenzó a escribir su balance anual  que de lo que menos trataba era de números...

Ella comenzó: ¨Pronto cumplo 28 años. Este año que pasó ha sido duro y tormentoso. Por algun motivo del destino, lo comencé sin querer festejarlo, y significativamente decidí festejarlo en un pabellón del Moyano en donde junto a otros compañeros realizábamos talleres, yo sabía que a las ¨locas¨ les encantaría .Allí casi no había festejos, por lo que decidí realizar mi fistita de cumpleaños junto a ellas, llevé una gran torta rellena con los condimentos más tentadores, llevé gaseosas, y todos los utencillos que hacen a un festejo. Ellas contentas me cantaron el felíz cumpleaños, yo contenta soplé las velitas y pedí mis deseos que ya no los recuerdo y que por como me fue, seguramente no se han cumplido. Así comencé ese día, ellas horas más tarde me olvidarían y yo me preguntaría en mi terapia por qué decidí festejarlo en aquel lugar tan deprimente.

Los días se sucedieron, como siempre se suceden uno tras otro. Yo no dejaba de estudiar, sólo tres meses me faltaban para recibirme. El negocio que compramos con mi esposo para salir adelante nos hundía cada vez más, yo me guiaba por aquella frase...Salta que la red aparecerá...pero la red no apareció, eran de esas frases armadas en un positivismo sujetado por hilos finos.

Así pasaron los meses, llegó diciembre y con él el día de rendir mi última materia, casi sin dinero armé una pequeña reunión para esa noche, escribí una carta de conmemoración para mis invitados, limpié la casa, me hice cartelitos de felicidades que yo misma ordené a mis esposo donde pegarlos cuando volviera de trabajar. Ese día se sucedió entre limpiar y estudiar, mis nervios crispaban y llegó el momento de ir a la facultad, dejé una nota con la dirección y allí partí, claro que rendí bien, mi emoción era tan grande que no paraba de llorar, lloraba de felicidad. Allí afuera me esperaba mi familia, los tan ansiados huevos y harina por fin se pegarían en mi pelo limpio, que placer tan grande!.....¨

Paula dejó de escribir su balance anual y dejó el texto por la mitad, lo que venía eran sus peores recuerdos y no tuvo ganas de plasmarlos en su papel. Allí quedó cerrado el cuaderno, pasaban los días y recordaba que estaban sus escritos allí , pero no se atrevió a tocarlos.

Paula comenzó así sus 28 años, pidió fehacientemente sus tres deseos y se juró recordarlos.

Salió a caminar y los duraznos en flor movidos por el viento le hacían creer que la ovacionaban por su día. Y ese día ella decidió hacer un ajuste en su vida.

Lo primero que se dijo que debía hacer era que tenía que saber lo que quería, sino nunca llegaría a ningun lado, o los lugares que se presentaría no serían los buscados. Tenía que saber que camino buscaba y seguirlo y en caso de no existir tal camino, crearlo. Este fue su primer ajuste.

Un segundo ajuste hablaba de que tenía que lograr lo que quería o al menos llegar cerca de eso, por lo tanto debería entregarse a esto y desear con toda su alma querer llegar allí.

El tercer ajuste se trataba de su felicidad y decía que se prometía buscar momentos de satisfacción, crear momentos de placer y encontrar siempre aquellos instantes en que la vida se le torna color de rosa. Estos no abundarían en su vida, pero con este ajuste ella los haría abundar.

Así sus tres deseos se convirtieron en tres ajustes en su vida, ellos le permitirían llegar más allá de sus deseos. Era como darle una vuelta de tuerca a sus emociones, creencias y anhelos.

Paula estaba feliz!, para ella no podría haber existido mejor ocurrencia que la que tuvo. En su oído se murmuraba a ella misma que esa había sido su mejor elección.

El tiempo pasó, su teoría del ajuste llevada a la práctica había dado los mejores resultados, claro que no siempre, pero casi siempre lo había logrado.

Así Paula fue mutando su ser y su cuerpo, se vió más bella, se sintió más bella y nunca dejó caer esa belleza.

Paula se embarazó, feliz de la vida compartió con su marido este gran momento, cuando su hermoso bebé nació, se abrió en ella el agujero de la duda y se preguntó como podría transmitirle su vivencia a aquel hijo tan deseado.

Se pasó tardes enteras tejiendo batitas y entretejiendo ideas, y se dio cuenta un día que su hijo era producto del ajuste y que él ya venía con esto. El podría elegir que camino tomar, porque vería las caras de la vida y podría optar.

Pasaron los años, Paula y su marido envejecieron, su hijo y sus hijos crecieron. Ella contaba su historia de cuando cumplió sus 28 años en el sur, contaba con orgullo su determinación que la había hecho dar un viraje a su vida y que la había hecho caminar por el camino llamado de la felicidad, que como decía ella, no por ser ese camino el elegido, dejaba de tener momentos de dolor. Pero Paula estaba orgullosa y no dejaba de contar su historia.

Sus hijos le decían ¨la historia mitológica¨y ella respondía que cada historia era un mito individual, no sólo porque así lo había estudiado, sino también porque así lo había creído.

Los mitos individuales de sus hijos no fueron los mismos que el de ella, pero Paula se contentó con que fueron semejantes al de ella y el de su esposo.

Un día, como así tenía que ser porque siempre és, la muerte llegó. Paula murió en los brazos de su anciano esposo. Sus hijos fueron a su casa y empezaron a tirar lo que no servía y a regalar aquello que le sería útil a otra persona. A los pocos días su padre partió junto a Paula. La campaña de remoción en el hogar paterno se había acrecentado. Los tres abrían cajas y cajas de escritos hechos por sus padres. Hasta que un día Agustín, el mayor de los hijos encontró anotados los tres deseos que se habían convertido en tres ajustes, asombrado por su encuentro de aquel mito contado por su madre, Agustín quebró en llanto y se lamentó por no haber buscado antes este tesoro, él se dijo que debería haber buscado en su corazón esta herencia y aunque algo en su camino encontró, no había vislumbrado la solemnidad de este ajuste.

Agustín llamó a sus hermanas y las reunió. Con lágrimas en los ojos leyó aquel escrito, sus hermanas se emocionaron por la redacción de su madre y se rieron preguntándole a Agustín en que planeta estaba cuando su madre repetía una y mil veces estas palabras.

Detrás de las risas surgió el silencio. Camila quiso rellenarlo diciendo que ella había encontrado ese camino y que lo había enseñado a sus hijos. Pero Agustín dijo que él no había escuchado con el corazón. Nayla, su hermana menor se disculpó diciendo que ella no se había dado cuenta de esto, que a ella le parecía muy sabido esto en la familia. Pero Agustín dijo que el no había hallado ese saber.

Con un fondo de lágrimas sonando en el mantel, sus hermanas abrazaron a Agustín. El, solemne, se distanció unos centímetros y dibujó una sonrisa en su rostro. Entonces dijo: ¨creo que algo sabía, sino hoy no podría estar compartiendo esto con ustedes¨...

Sus hermanas sonrieron, Camila se ajustó el cinturón, Nayla se ajustó el moño y él se ajustó el corazón como su madre lo había hecho casi llegando a los treinta.

Así, cada uno partió a su hogar. Las tumbas de Paula y Juan se abrazaban con las flores de estación. Sus nietos ya grandes, buscaban en la vida como ella había buscado alguna vez y sus hijos disfrutaban de sus hijos. El mito del ajuste se había extendido, cada uno lo había tomado a su mejor manera y prendió en ellos como buenas semillas sembradas por su madre.

Los tres ajustes dieron tres hijos y trajeron felicidad, Paula tal vez miraría desde el cielo y seguramente recordaría aquel día en el sur...

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