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La mañana
había asomado en el sur, el viento le hablaba a las ventanas y el sol
dejaba entre ver sus primeros rayos. Paula se despertó y se asomó al
balcón, allí observó las montañas a su alrededor y contempló las
formas de las nubes. Mientras miraba recordó que en tan sólo unos días
sería su cumpleaños. Así fue que decidió hacer un balance del año número
27, quizás revivirlo en el recuerdo sería resignificarlo en la
actualidad.
Tomó
un lápiz HB, buscó algunas hojas entre todo su revoltijo y apoyándose
en la cama comenzó a escarbar en sus recuerdos y a llevar al papel
aquellos que se dejaban venir a su mente. Así fue que Paula comenzó a
escribir su balance anual que
de lo que menos trataba era de números...
Ella
comenzó: ¨Pronto cumplo 28 años. Este año que pasó ha sido duro y
tormentoso. Por algun motivo del destino, lo comencé sin querer
festejarlo, y significativamente decidí festejarlo en un pabellón del
Moyano en donde junto a otros compañeros realizábamos talleres, yo sabía
que a las ¨locas¨ les encantaría .Allí casi no había festejos, por lo
que decidí realizar mi fistita de cumpleaños junto a ellas, llevé una
gran torta rellena con los condimentos más tentadores, llevé gaseosas, y
todos los utencillos que hacen a un festejo. Ellas contentas me cantaron
el felíz cumpleaños, yo contenta soplé las velitas y pedí mis deseos
que ya no los recuerdo y que por como me fue, seguramente no se han
cumplido. Así comencé ese día, ellas horas más tarde me olvidarían y
yo me preguntaría en mi terapia por qué decidí festejarlo en aquel
lugar tan deprimente.
Los días
se sucedieron, como siempre se suceden uno tras otro. Yo no dejaba de
estudiar, sólo tres meses me faltaban para recibirme. El negocio que
compramos con mi esposo para salir adelante nos hundía cada vez más, yo
me guiaba por aquella frase...Salta que la red aparecerá...pero la red no
apareció, eran de esas frases armadas en un positivismo sujetado por
hilos finos.
Así
pasaron los meses, llegó diciembre y con él el día de rendir mi última
materia, casi sin dinero armé una pequeña reunión para esa noche,
escribí una carta de conmemoración para mis invitados, limpié la casa,
me hice cartelitos de felicidades que yo misma ordené a mis esposo donde
pegarlos cuando volviera de trabajar. Ese día se sucedió entre limpiar y
estudiar, mis nervios crispaban y llegó el momento de ir a la facultad,
dejé una nota con la dirección y allí partí, claro que rendí bien, mi
emoción era tan grande que no paraba de llorar, lloraba de felicidad. Allí
afuera me esperaba mi familia, los tan ansiados huevos y harina por fin se
pegarían en mi pelo limpio, que placer tan grande!.....¨
Paula
dejó de escribir su balance anual y dejó el texto por la mitad, lo que
venía eran sus peores recuerdos y no tuvo ganas de plasmarlos en su
papel. Allí quedó cerrado el cuaderno, pasaban los días y recordaba que
estaban sus escritos allí , pero no se atrevió a tocarlos.
Paula
comenzó así sus 28 años, pidió fehacientemente sus tres deseos y se
juró recordarlos.
Salió
a caminar y los duraznos en flor movidos por el viento le hacían creer
que la ovacionaban por su día. Y ese día ella decidió hacer un ajuste
en su vida.
Lo
primero que se dijo que debía hacer era que tenía que saber lo que quería,
sino nunca llegaría a ningun lado, o los lugares que se presentaría no
serían los buscados. Tenía que saber que camino buscaba y seguirlo y en
caso de no existir tal camino, crearlo. Este fue su primer ajuste.
Un
segundo ajuste hablaba de que tenía que lograr lo que quería o al menos
llegar cerca de eso, por lo tanto debería entregarse a esto y desear con
toda su alma querer llegar allí.
El
tercer ajuste se trataba de su felicidad y decía que se prometía buscar
momentos de satisfacción, crear momentos de placer y encontrar siempre
aquellos instantes en que la vida se le torna color de rosa. Estos no
abundarían en su vida, pero con este ajuste ella los haría abundar.
Así
sus tres deseos se convirtieron en tres ajustes en su vida, ellos le
permitirían llegar más allá de sus deseos. Era como darle una vuelta de
tuerca a sus emociones, creencias y anhelos.
Paula
estaba feliz!, para ella no podría haber existido mejor ocurrencia que la
que tuvo. En su oído se murmuraba a ella misma que esa había sido su
mejor elección.
El
tiempo pasó, su teoría del ajuste llevada a la práctica había dado los
mejores resultados, claro que no siempre, pero casi siempre lo había
logrado.
Así
Paula fue mutando su ser y su cuerpo, se vió más bella, se sintió más
bella y nunca dejó caer esa belleza.
Paula
se embarazó, feliz de la vida compartió con su marido este gran momento,
cuando su hermoso bebé nació, se abrió en ella el agujero de la duda y
se preguntó como podría transmitirle su vivencia a aquel hijo tan
deseado.
Se pasó
tardes enteras tejiendo batitas y entretejiendo ideas, y se dio cuenta un
día que su hijo era producto del ajuste y que él ya venía con esto. El
podría elegir que camino tomar, porque vería las caras de la vida y podría
optar.
Pasaron
los años, Paula y su marido envejecieron, su hijo y sus hijos crecieron.
Ella contaba su historia de cuando cumplió sus 28 años en el sur,
contaba con orgullo su determinación que la había hecho dar un viraje a
su vida y que la había hecho caminar por el camino llamado de la
felicidad, que como decía ella, no por ser ese camino el elegido, dejaba
de tener momentos de dolor. Pero Paula estaba orgullosa y no dejaba de
contar su historia.
Sus
hijos le decían ¨la historia mitológica¨y ella respondía que cada
historia era un mito individual, no sólo porque así lo había estudiado,
sino también porque así lo había creído.
Los
mitos individuales de sus hijos no fueron los mismos que el de ella, pero
Paula se contentó con que fueron semejantes al de ella y el de su esposo.
Un día,
como así tenía que ser porque siempre és, la muerte llegó. Paula murió
en los brazos de su anciano esposo. Sus hijos fueron a su casa y empezaron
a tirar lo que no servía y a regalar aquello que le sería útil a otra
persona. A los pocos días su padre partió junto a Paula. La campaña de
remoción en el hogar paterno se había acrecentado. Los tres abrían
cajas y cajas de escritos hechos por sus padres. Hasta que un día Agustín,
el mayor de los hijos encontró anotados los tres deseos que se habían
convertido en tres ajustes, asombrado por su encuentro de aquel mito
contado por su madre, Agustín quebró en llanto y se lamentó por no
haber buscado antes este tesoro, él se dijo que debería haber buscado en
su corazón esta herencia y aunque algo en su camino encontró, no había
vislumbrado la solemnidad de este ajuste.
Agustín
llamó a sus hermanas y las reunió. Con lágrimas en los ojos leyó aquel
escrito, sus hermanas se emocionaron por la redacción de su madre y se
rieron preguntándole a Agustín en que planeta estaba cuando su madre
repetía una y mil veces estas palabras.
Detrás
de las risas surgió el silencio. Camila quiso rellenarlo diciendo que
ella había encontrado ese camino y que lo había enseñado a sus hijos.
Pero Agustín dijo que él no había escuchado con el corazón. Nayla, su
hermana menor se disculpó diciendo que ella no se había dado cuenta de
esto, que a ella le parecía muy sabido esto en la familia. Pero Agustín
dijo que el no había hallado ese saber.
Con un
fondo de lágrimas sonando en el mantel, sus hermanas abrazaron a Agustín.
El, solemne, se distanció unos centímetros y dibujó una sonrisa en su
rostro. Entonces dijo: ¨creo que algo sabía, sino hoy no podría estar
compartiendo esto con ustedes¨...
Sus
hermanas sonrieron, Camila se ajustó el cinturón, Nayla se ajustó el moño
y él se ajustó el corazón como su madre lo había hecho casi llegando a
los treinta.
Así,
cada uno partió a su hogar. Las tumbas de Paula y Juan se abrazaban con
las flores de estación. Sus nietos ya grandes, buscaban en la vida como
ella había buscado alguna vez y sus hijos disfrutaban de sus hijos. El
mito del ajuste se había extendido, cada uno lo había tomado a su mejor
manera y prendió en ellos como buenas semillas sembradas por su madre.
Los
tres ajustes dieron tres hijos y trajeron felicidad, Paula tal vez miraría
desde el cielo y seguramente recordaría aquel día en el sur...
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del concurso "Literatura ajustada"
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