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El hijo del presidente fumó su cuarto
cigarrillo en menos de una hora. Las cenizas estaban esparcidas por toda
la cama, y el humo formaba una densa nube gris, que cubría toda la
habitación.
A su lado, desnuda,
dormía su esposa. El la observó por unos instantes, miró la panza con
seis meses de embarazo y luego encendió otro rubio. La nube se volvió más
y más espesa. Ahora el humo diseñaba genios perdidos de lámparas mágicas
ya oxidadas.
El
hijo del presidente cerro los ojos. Intentó recordar el último abrazo
que había recibido de su padre. No lo logró.
Para
el viejo, la compañía siempre había sido más importante que su propia
familia, aun cuando veinte años atrás, era el último de los cadetes.
El
muchacho forzó sus recuerdos, pero no hubo caso. No pudo acordarse del último abrazo. ¿Se lo habría dado alguna vez?
¿Le
había dicho alguna vez... Te quiero mucho? ¿Y él a su padre?
Pensó
en levantarse, pero algo lo paralizó. Un presentimiento con sabor a
certeza.
La
certeza de saber que la empresa había ganado al mejor presidente, pero él,
había perdido a su padre para siempre.
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del concurso El hijo del presidente
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