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Los días sin ella comienzan tarde.
Se enredan entre la fiaca de la mañana y no me hacen ninguna invitación
tentadora para levantarme, por lo que me quedo varias horas más tirado en
la cama con los ojos abiertos; sin dormir, sin soñar, sin estar
despierto. Los días sin ella tienen como principal esencia la rutina. La
casa apesta a repetición; me voy viendo como una sombra que entra y sale
del baño, pone la pava en la hornalla y mastica un pedazo de pan sin
sabor, sin poder distinguir si esa sombra es de hoy o de ayer, o de
anteayer.
Los días sin ella se empujan, se
amontonan, se sobreponen y se pelean sólo por huraños. Los días con
ella también, pero lo hacen por protagonismo. Sus peleas son amistosas;
suenan a cargadas de amigos seguros de si mismos que se envidian
mutuamente. Los días con ella tienen esa característica que hace únicas
a las tormentas eléctricas en una playa caribe o a la erupción de un
volcán de una isla perdida: la cercanía de la destrucción no afecta la
belleza del lugar sino más bien le agrega un condimento extra, entre el
miedo y la adrenalina, que hace al momento provechoso, al tiempo fugaz, al
entusiasmo... Es difícil de explicar mi sensación personal en los días
con ella. Éstos empiezan y terminan, como es habitual, pero se mueven,
con atronadora presencia, de forma aleatoria, por lo que siempre me
terminan sorprendiendo, a pesar de mis cálculos y mis esfuerzos por
predecirlos.
En los días con ella no hay dolor
de cabeza, mal de estómago, chinchudez, resaca, insomnio, sueño, lagaña,
mocos, desprolijidad, mugre, obligaciones sin cumplir, desgano, fracasos,
pesimismo ni aburrimiento. No hay ganas de pensar, pero si una charla
totalmente sin sentido y dos almas susceptibles en divagaciones y en el
vuelo de una mosca, en una canción de Sandro, en el silencio y en la
imagen que tenemos en frente; en todo lo que el azar nos regale, que si lo
hace es por que significa algo. Eso, como cualquier otra cosa más, nos da
una razón para brindar. Los días con ella me sorprenden al escucharme,
mis palabras corren con la fluidez de un locutor, flotan con el delirio de
un poeta, se solidifican con la capacidad de un lingüista, colorean con la gracia de
un filósofo, divierten con la inteligencia de un showman, adornan y
llegan con la seguridad que me ha nacido. En los días con ella las
canciones decoran la habitación y la vuelven elegante, me abren las pocas
puertas que pueden quedar cerradas y completan el circulo donde florece la
intimidad. En los días con ella mido 1,85, soy bueno en cualquier juego o
desafío, soy sociable y gracioso, tengo buena memoria, rapidez en las
respuestas y un ojo atento que registra cada uno de sus movimientos
reflejos, tengo reacción
inmediata para acomodarle el pelo que le cae en la cara detrás de la
oreja, y una angustia que
muta en alegría y vuelve a ser angustia y alegría ,a medida que ella me
mira o me sonríe, me ignora, me toca, o luce ajena y deja que me asuste y
me persiga.
Los días sin ella se destacan por su honestidad,
por su aire de verdad verdadera, por los cajones abiertos y por las
canciones cursis y sin sentido, por las bolsas de basura en la calle, por
la fina capa de polvo que cubre todo y que antes (en un día con ella) no
había registrado. Me provocan una tendencia a pelearme con
todos, a sentirme incómodo en silla donde me siente, desubicado en
lugar donde me encuentre, vacío, en el momento del día que sea. La vista
de mi ventana que tanto me gustaba ahora me parece repetitiva y
deprimente. Mis capacidades para hacer lo más básico se reducen a las de
un novato. Me tropiezo en cuanto puedo, me golpeo a cada instante, me
puteo todo el tiempo. Nunca faltan razones para verme ridículo, ni para
resentirme, ni para ahogar las culpas.
Se amontonan las obligaciones y responsabilidades que dejé de lado
y evité en los días con ella, aunque ahora tampoco las cumplo, porque no
tengo ganas, o porque son tantas que no se por donde empezar.
Los días sin ella, también, me hacen abrir grandes los ojos, me
devuelven el cinismo y la ironía que me hace sentir tan orgulloso en mis
horas de solo y superado, y me muestran que los días con ella no sólo
son un engaño sino también son egoístas. Me brindan criticas
tan dolorosas como constructivas y de a poco me moldean para
dejarme en el estado ideal para recibir un nuevo día con ella.
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del concurso "Historias de amor"
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