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"Historias de amor"

Cuento elegido por El Escriba:

 

 

 

 

 

Los días con... Los días sin...

de Aníbal Chico Ruiz, Ciudad de Santa Fe, Argentina.

 

Los días sin ella comienzan tarde. Se enredan entre la fiaca de la mañana y no me hacen ninguna invitación tentadora para levantarme, por lo que me quedo varias horas más tirado en la cama con los ojos abiertos; sin dormir, sin soñar, sin estar despierto. Los días sin ella tienen como principal esencia la rutina. La casa apesta a repetición; me voy viendo como una sombra que entra y sale del baño, pone la pava en la hornalla y mastica un pedazo de pan sin sabor, sin poder distinguir si esa sombra es de hoy o de ayer, o de anteayer.

Los días sin ella se empujan, se amontonan, se sobreponen y se pelean sólo por huraños. Los días con ella también, pero lo hacen por protagonismo. Sus peleas son amistosas; suenan a cargadas de amigos seguros de si mismos que se envidian mutuamente. Los días con ella tienen esa característica que hace únicas a las tormentas eléctricas en una playa caribe o a la erupción de un volcán de una isla perdida: la cercanía de la destrucción no afecta la belleza del lugar sino más bien le agrega un condimento extra, entre el miedo y la adrenalina, que hace al momento provechoso, al tiempo fugaz, al entusiasmo... Es difícil de explicar mi sensación personal en los días con ella. Éstos empiezan y terminan, como es habitual, pero se mueven, con atronadora presencia, de forma aleatoria, por lo que siempre me terminan sorprendiendo, a pesar de mis cálculos y mis esfuerzos por predecirlos.

En los días con ella no hay dolor de cabeza, mal de estómago, chinchudez, resaca, insomnio, sueño, lagaña, mocos, desprolijidad, mugre, obligaciones sin cumplir, desgano, fracasos, pesimismo ni aburrimiento. No hay ganas de pensar, pero si una charla totalmente sin sentido y dos almas susceptibles en divagaciones y en el vuelo de una mosca, en una canción de Sandro, en el silencio y en la imagen que tenemos en frente; en todo lo que el azar nos regale, que si lo hace es por que significa algo. Eso, como cualquier otra cosa más, nos da una razón para brindar. Los días con ella me sorprenden al escucharme, mis palabras corren con la fluidez de un locutor, flotan con el delirio de un poeta, se solidifican  con la capacidad de un lingüista, colorean con la gracia de un filósofo, divierten con la inteligencia de un showman, adornan y llegan con la seguridad que me ha nacido. En los días con ella las canciones decoran la habitación y la vuelven elegante, me abren las pocas puertas que pueden quedar cerradas y completan el circulo donde florece la intimidad. En los días con ella mido 1,85, soy bueno en cualquier juego o desafío, soy sociable y gracioso, tengo buena memoria, rapidez en las respuestas y un ojo atento que registra cada uno de sus movimientos reflejos,  tengo reacción inmediata para acomodarle el pelo que le cae en la cara detrás de la oreja,  y una angustia que muta en alegría y vuelve a ser angustia y alegría ,a medida que ella me mira o me sonríe, me ignora, me toca, o luce ajena y deja que me asuste y me persiga.

Los días sin ella se destacan por su honestidad, por su aire de verdad verdadera, por los cajones abiertos y por las canciones cursis y sin sentido, por las bolsas de basura en la calle, por la fina capa de polvo que cubre todo y que antes (en un día con ella) no había registrado. Me provocan una tendencia a pelearme con  todos, a sentirme incómodo en silla donde me siente, desubicado en lugar donde me encuentre, vacío, en el momento del día que sea. La vista de mi ventana que tanto me gustaba ahora me parece repetitiva y deprimente. Mis capacidades para hacer lo más básico se reducen a las de un novato. Me tropiezo en cuanto puedo, me golpeo a cada instante, me puteo todo el tiempo. Nunca faltan razones para verme ridículo, ni para resentirme, ni para ahogar las culpas.  Se amontonan las obligaciones y responsabilidades que dejé de lado y evité en los días con ella, aunque ahora tampoco las cumplo, porque no tengo ganas, o porque son tantas que no se por donde empezar.  Los días sin ella, también, me hacen abrir grandes los ojos, me devuelven el cinismo y la ironía que me hace sentir tan orgulloso en mis horas de solo y superado, y me muestran que los días con ella no sólo son un engaño sino también son egoístas. Me brindan criticas  tan dolorosas como constructivas y de a poco me moldean para dejarme en el estado ideal para recibir un nuevo día con ella.   

 

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