|
Breve prólogo o el por qué de un instructivo.
Justo
antes de que el Señor hiciera el mundo la Señora ya había hecho la cama.
No es cuestión de desenfundar polémicas de género, en todo caso, sí, de
vislumbrar que han transcurrido millones de años. Cúlpese pues, a la
injusta tradición. Y siguiendo con los temas de conserva, no fue sino en
el edén donde nació aquella frase: "las partes de abajo nunca fueron
buenas". Quiérase o no, la expresión es aplicable a las sábanas, y,
continuando con el sacro puesto, resulta oportuno recordar a San Tosán y
su falacia resolutiva, esto es, el dogma que dispone que cada vez que se
encuentre solución a un problema práctico, aparecerá otra dificultad de
menor importancia pero más difícil de resolver. Tal fue la situación de
la sábana de abajo el día de la revelación flexible, es decir, cuando
alguien le puso elástico.
No
corresponde dilucidar el nombre de aquel holgazán, solo afirmar que se
limitó a pensar en la sábana ya colocada, sin haber reparado en cómo
tratarla fuera de su hábitat: cómo doblarla prolijamente, cómo venderla
sin aparentar uso o espanto, o peor, cómo eludir acusaciones de herejía
por el aspecto curvo y desgarbado de la tela colgada secándose al sol.
El último problema no ha encontrado solución válida, los otros dos, en
cambio, motivaron el siguiente instructivo.
Antes de
pasar a él se impone una última advertencia, quién lo lea no encontrará
allí respuesta a cómo quitar la sábana de abajo una vez colocada, eso
requeriría de otro instructivo que considero ulterior, aunque sea por
poner un tope caprichoso a la discusión del huevo y la gallina. En todo
caso, si se cruza con semejante inconveniente, pruebe dormir dos o tres
noches sobre la sábana. Si ve que aún se resiste, verifique si no ha
estado durmiendo directamente sobre el colchón o si por casualidad Ud.
no está muerto. Descartadas ambas hipótesis, no dude en apelar a las
tijeras y comprar en el futuro sábanas con elástico de peor calidad.
Instrucciones para doblar una sábana con elástico.
Se
sugiere realizar la tarea de pie y lejos de cualquier ventana.
Lo importante antes de empezar es darse el gusto: haga un bollo, estruje
y golpee la sábana, eso le dará el múltiple beneficio de la elongación
personal y del desquite anticipado, ya verá como luego las frustraciones
no resultan tan pesadas.
El paso
siguiente requiere el uso de imaginación, si Ud. carece de ella puede
convocar algún amigo o vecino o en el peor de los casos valerse de un
muñeco. Se trata de asociar la sábana con la o las personas que duerme/n
arriba de ella. Si los durmientes suelen ser más de dos adultos a la vez
y a lo ancho, entonces se recomienda pedir ayuda ya que el tamaño de la
tela impedirá que el trabajo sea hecho e imaginado por un sólo doblador.
Si el número es de dos o de uno estaremos dentro de los parámetros
divinos y listos para comenzar. Aquí se tomará como ejemplo la sábana
del matrimonio Pérez, no por afinidad o beligerancia, sino por tener un
apellido difuso y pies y cabezas curvos y arrugados como los extremos de
la tela que nos ocupa (o que ellos suelen ocupar y de la que
temporalmente estaremos hablando).
La Sra.
Pérez duerme del lado derecho, y el Sr. Pérez del izquierdo. Apelaré
aquí a un esfuerzo mental sublime. Debemos olvidar que la Sra. Pérez
mide casi la mitad que el Sr. Pérez, eso nos llevaría a pliegues
intolerables y contorsiones imposibles de describir. Pensaremos en ambos
como de idéntica estatura, y convendremos en que la misma coincide
exactamente con el largo de nuestra materia prima a punto de ser
doblada.
Ahora bien, pensemos en los ombligos del matrimonio Pérez. Si recordamos
las primeras clases de geometría veremos que dos puntos son suficientes
para el trazado de una recta, pues bien, la línea que trace la unión de
los ombligos Pérez será ni más ni menos que el centro exacto de la
sábana a trabajar. Tomaremos ahora a la señora Pérez del brazo que dé al
exterior de la sábana, es decir de su brazo derecho, y al señor Pérez de
su brazo izquierdo, en ambos casos a la altura de la recta ombligo.
Cuando abramos nuestros brazos veremos cómo cabeza y pies del Sr. y Sra.
Pérez caen burdamente llegando a tocar cada uno cabeza con pies
respectivos justo a la altura de nuestros zapatos. Antes de continuar,
controle que todo vaya bien, se debería estar configurando la siguiente
imagen: Ud. con los brazos extendidos a los lados tomando al matrimonio
por los extremos de la recta ombligo; cerca del piso debería tener a un
costado a la Sra. Pérez rascándose la cabellera con sus empeines y, al
otro, al Sr. Pérez intentando morderse los metatarsos. Siempre que se dé
este corte, es decir pies y cabezas del matrimonio abajo y ombligos y o
cinturas arriba, estaremos hablando de la posición “maridaje elongando
tibias”.
En el
siguiente punto conviene no ser impresionable, o al menos, no ser
alérgico al jabón en polvo. Deberá aproximar su cabeza a la recta
ombligo y dar un sutil mordisco en el centro, justo entre los cónyuges,
tratando de no dañar el tejido del matrimonio.
Deberá Ud. estirar lo más atrás que pueda su cabeza sin dejar de
sostener la tela con los dientes (en caso de ser desdentado, puede
sujetarla con los labios, pero evite en tal caso el rouge y los gestos
que puedan generar futuras arrugas en la sábana o en Ud.). Con la cabeza
levantada hacia atrás y aferrada a lo que hasta hace segundos era el
centro de la recta ombligo, debe estirar sus manos hacia adelante hasta
juntarlas justo enfrente de su cara, lo más lejos posible.
El
próximo paso requiere una pizca de ligereza y control mental, debe
elegir una de sus dos manos. Piense en una, es indistinto cual, eso si,
no podrá cambiar de opinión. Cuando lo haya hecho esa mano deberá
pasarle a la otra el brazo del Pérez que se encontraba sosteniendo, es
decir, el extremo de la ex recta ombligo que tenía asignado. Una vez
hecho el pase notará cierta libertad en la mano elegida, no lo dude,
aproveche para tomar con ella la parte de la sábana que venía sujetando
con la boca y nuevamente extienda sus brazos hacia los costados lo más
lejos posible. El nuevo dibujo formado será Ud. como sostén del
matrimonio a través de la ex recta ombligo, ahora replegada sobre si
misma y convertida en la recta “cintura contra cintura”, o “cinturas
Pérez superpuestas”. (Para este ejercicio resulta indistinto que el
matrimonio haya quedado rozando espalda con espalda o cola con cola,
piense que son años de convivencia y que ya nada los conmueve
demasiado).
Lo que
sigue es una reproducción de la etapa vampiresca, esta vez con mayor
confianza deberá arremeter con los colmillos en el centro exacto de la
recta “cintura contra cintura” o “cinturas Pérez superpuestas” y, al
tirar la cara hacia atrás y poner los brazos bien adelante habrá
conseguido que el matrimonio se repliegue por mitades en un doblez
difícil de describir y semejante a un bandoneón aunque conservando
todavía la posición “maridaje elongando tibias”. De hecho, se ha
demostrado que si en este punto a alguien se le escapase un tiro rasante
al piso, uno de los probables recorridos de la bala sería: ojo izquierdo
de la Sra. Pérez, fugaz pasar por tobillo también izquierdo, luego
atravesar tobillo derecho del Sr. Pérez, para seguir por su ojo derecho
e inmediatamente por el izquierdo, destrozar tobillo izquierdo siempre
del Sr. Pérez para pasar luego al derecho de su esposa y concluir
saliendo limpiamente por el ojo derecho de aquella. Se aconseja no
intentar este tipo de demostraciones en el hogar.
Lo que
sigue tiene una parte reiterativa y otra renovadora ya que
repentinamente dejaremos de trabajar con la ex recta “cintura contra
cintura”, o “cinturas Pérez superpuestas”, ahora recta “cinturas Pérez
torcidas y replegadas entre sí cual bandoneón”. La parte reiterativa
será la de liberar una de las manos que tenga al frente. Ahora bien, ya
no deberá rescatar con ella la porción de matrimonio que venía
mordiendo, sino que tendrá que actuar comunitariamente con el resto del
brazo.
Deje caer su codo y formando él un ángulo recto extienda hacia adelante
su mano, ahora realice el movimiento similar al de una puerta, girando
el brazo hacia su cuerpo y quedando en posición napoleónica o de dolor
de panza, solo que al moverlo deberá acarrear hacia Ud. al matrimonio.
Si ahora abre la boca y la mano que tenía comprometida sosteniendo al
matrimonio por la recta “cinturas Pérez torcidas y replegadas entre sí
cual bandoneón”, verá que la pareja se cae sobre la línea napoleónica o
de dolor de panza de su brazo que por unos instantes será el único
sostén de la familia. Con la mano recientemente liberada proceda a
agarrar un extremo y, la que tenía tocándose la panza, deslícela por
adentro del matrimonio hasta llegar al otro. Verá que al expandir sus
manos estas estarán sujetando a los Pérez por una nueva recta que
podremos bautizar, “pechos y rodillas maritales intercalados y
doblegados de manera asombrosa”.
Sepa que está a un paso de concluir el proceso, ¿vio que no era tan
difícil? observe atentamente hacia abajo. A la altura de sus rodillas
encontrará dos lados bien distinguibles del matrimonio, uno desprolijo y
rugoso que tiene que ver con pies y cabezas y el otro parejito e
impecable que culmina en la recta “cinturas Pérez torcidas y replegadas
entre sí cual bandoneón”.
Ahora
acérquese a la cama. Ya no importa si esta se encuentra cerca de un
ventanal, en este punto el peligro es prácticamente nulo. Apoye al
matrimonio con las cabezas y pies hacia arriba y con la cara más
perfecta del lado de abajo. Finalmente haga lo que todos solemos hacer,
en términos técnicos se trata de llevar la recta “cinturas Pérez
torcidas y replegadas entre sí cual bandoneón” sobre la recta “pechos y
rodillas maritales intercalados y doblegados de manera asombrosa” y, en
términos prácticos, se trata de esconder el lado más tirante y
desprolijo del
matrimonio dentro de un envoltorio que luzca perfecto e ideal.
PARTICIPA DE NUESTROS TALLERES DE
ESCRITURA A DISTANCIA
Volver
a la página del concurso "Mi escritor favorito"
|