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Los juegos de Julio

(Homenaje a Julio Cortázar)

por Martín Oteiza, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Breve prólogo o el por qué de un instructivo.

Justo antes de que el Señor hiciera el mundo la Señora ya había hecho la cama. No es cuestión de desenfundar polémicas de género, en todo caso, sí, de vislumbrar que han transcurrido millones de años. Cúlpese pues, a la injusta tradición. Y siguiendo con los temas de conserva, no fue sino en el edén donde nació aquella frase: "las partes de abajo nunca fueron buenas". Quiérase o no, la expresión es aplicable a las sábanas, y, continuando con el sacro puesto, resulta oportuno recordar a San Tosán y su falacia resolutiva, esto es, el dogma que dispone que cada vez que se encuentre solución a un problema práctico, aparecerá otra dificultad de menor importancia pero más difícil de resolver. Tal fue la situación de la sábana de abajo el día de la revelación flexible, es decir, cuando alguien le puso elástico.

No corresponde dilucidar el nombre de aquel holgazán, solo afirmar que se limitó a pensar en la sábana ya colocada, sin haber reparado en cómo tratarla fuera de su hábitat: cómo doblarla prolijamente, cómo venderla sin aparentar uso o espanto, o peor, cómo eludir acusaciones de herejía por el aspecto curvo y desgarbado de la tela colgada secándose al sol. El último problema no ha encontrado solución válida, los otros dos, en cambio, motivaron el siguiente instructivo.

Antes de pasar a él se impone una última advertencia, quién lo lea no encontrará allí respuesta a cómo quitar la sábana de abajo una vez colocada, eso requeriría de otro instructivo que considero ulterior, aunque sea por poner un tope caprichoso a la discusión del huevo y la gallina. En todo caso, si se cruza con semejante inconveniente, pruebe dormir dos o tres noches sobre la sábana. Si ve que aún se resiste, verifique si no ha estado durmiendo directamente sobre el colchón o si por casualidad Ud. no está muerto. Descartadas ambas hipótesis, no dude en apelar a las tijeras y comprar en el futuro sábanas con elástico de peor calidad.

Instrucciones para doblar una sábana con elástico.

Se sugiere realizar la tarea de pie y lejos de cualquier ventana[1]. Lo importante antes de empezar es darse el gusto: haga un bollo, estruje y golpee la sábana, eso le dará el múltiple beneficio de la elongación personal y del desquite anticipado, ya verá como luego las frustraciones no resultan tan pesadas.

El paso siguiente requiere el uso de imaginación, si Ud. carece de ella puede convocar algún amigo o vecino o en el peor de los casos valerse de un muñeco. Se trata de asociar la sábana con la o las personas que duerme/n arriba de ella. Si los durmientes suelen ser más de dos adultos a la vez y a lo ancho, entonces se recomienda pedir ayuda ya que el tamaño de la tela impedirá que el trabajo sea hecho e imaginado por un sólo doblador. Si el número es de dos o de uno estaremos dentro de los parámetros divinos y listos para comenzar. Aquí se tomará como ejemplo la sábana del matrimonio Pérez, no por afinidad o beligerancia, sino por tener un apellido difuso y pies y cabezas curvos y arrugados como los extremos de la tela que nos ocupa (o que ellos suelen ocupar y de la que temporalmente estaremos hablando).

La Sra. Pérez duerme del lado derecho, y el Sr. Pérez del izquierdo. Apelaré aquí a un esfuerzo mental sublime. Debemos olvidar que la Sra. Pérez mide casi la mitad que el Sr. Pérez, eso nos llevaría a pliegues intolerables y contorsiones imposibles de describir. Pensaremos en ambos como de idéntica estatura, y convendremos en que la misma coincide exactamente con el largo de nuestra materia prima a punto de ser doblada.

Ahora bien, pensemos en los ombligos del matrimonio Pérez. Si recordamos las primeras clases de geometría veremos que dos puntos son suficientes para el trazado de una recta, pues bien, la línea que trace la unión de los ombligos Pérez será ni más ni menos que el centro exacto de la sábana a trabajar. Tomaremos ahora a la señora Pérez del brazo que dé al exterior de la sábana, es decir de su brazo derecho, y al señor Pérez de su brazo izquierdo, en ambos casos a la altura de la recta ombligo. Cuando abramos nuestros brazos veremos cómo cabeza y pies del Sr. y Sra. Pérez caen burdamente llegando a tocar cada uno cabeza con pies respectivos justo a la altura de nuestros zapatos. Antes de continuar, controle que todo vaya bien, se debería estar configurando la siguiente imagen: Ud. con los brazos extendidos a los lados tomando al matrimonio por los extremos de la recta ombligo; cerca del piso debería tener a un costado a la Sra. Pérez rascándose la cabellera con sus empeines y, al otro, al Sr. Pérez intentando morderse los metatarsos. Siempre que se dé este corte, es decir pies y cabezas del matrimonio abajo y ombligos y o cinturas arriba, estaremos hablando de la posición “maridaje elongando tibias”.

En el siguiente punto conviene no ser impresionable, o al menos, no ser alérgico al jabón en polvo. Deberá aproximar su cabeza a la recta ombligo y dar un sutil mordisco en el centro, justo entre los cónyuges, tratando de no dañar el tejido del matrimonio.
Deberá Ud. estirar lo más atrás que pueda su cabeza sin dejar de sostener la tela con los dientes (en caso de ser desdentado, puede sujetarla con los labios, pero evite en tal caso el rouge y los gestos que puedan generar futuras arrugas en la sábana o en Ud.). Con la cabeza levantada hacia atrás y aferrada a lo que hasta hace segundos era el centro de la recta ombligo, debe estirar sus manos hacia adelante hasta juntarlas justo enfrente de su cara, lo más lejos posible.

El próximo paso requiere una pizca de ligereza y control mental, debe elegir una de sus dos manos. Piense en una, es indistinto cual, eso si, no podrá cambiar de opinión. Cuando lo haya hecho esa mano deberá pasarle a la otra el brazo del Pérez que se encontraba sosteniendo, es decir, el extremo de la ex recta ombligo que tenía asignado. Una vez hecho el pase notará cierta libertad en la mano elegida, no lo dude, aproveche para tomar con ella la parte de la sábana que venía sujetando con la boca y nuevamente extienda sus brazos hacia los costados lo más lejos posible. El nuevo dibujo formado será Ud. como sostén del matrimonio a través de la ex recta ombligo, ahora replegada sobre si misma y convertida en la recta “cintura contra cintura”, o “cinturas Pérez superpuestas”. (Para este ejercicio resulta indistinto que el matrimonio haya quedado rozando espalda con espalda o cola con cola, piense que son años de convivencia y que ya nada los conmueve demasiado).

Lo que sigue es una reproducción de la etapa vampiresca, esta vez con mayor confianza deberá arremeter con los colmillos en el centro exacto de la recta “cintura contra cintura” o “cinturas Pérez superpuestas” y, al tirar la cara hacia atrás y poner los brazos bien adelante habrá conseguido que el matrimonio se repliegue por mitades en un doblez difícil de describir y semejante a un bandoneón aunque conservando todavía la posición “maridaje elongando tibias”. De hecho, se ha demostrado que si en este punto a alguien se le escapase un tiro rasante al piso, uno de los probables recorridos de la bala sería: ojo izquierdo de la Sra. Pérez, fugaz pasar por tobillo también izquierdo, luego atravesar tobillo derecho del Sr. Pérez, para seguir por su ojo derecho e inmediatamente por el izquierdo, destrozar tobillo izquierdo siempre del Sr. Pérez para pasar luego al derecho de su esposa y concluir saliendo limpiamente por el ojo derecho de aquella. Se aconseja no intentar este tipo de demostraciones en el hogar.

Lo que sigue tiene una parte reiterativa y otra renovadora ya que repentinamente dejaremos de trabajar con la ex recta “cintura contra cintura”, o “cinturas Pérez superpuestas”, ahora recta “cinturas Pérez torcidas y replegadas entre sí cual bandoneón”. La parte reiterativa será la de liberar una de las manos que tenga al frente. Ahora bien, ya no deberá rescatar con ella la porción de matrimonio que venía mordiendo, sino que tendrá que actuar comunitariamente con el resto del brazo.
Deje caer su codo y formando él un ángulo recto extienda hacia adelante su mano, ahora realice el movimiento similar al de una puerta, girando el brazo hacia su cuerpo y quedando en posición napoleónica o de dolor de panza, solo que al moverlo deberá acarrear hacia Ud. al matrimonio. Si ahora abre la boca y la mano que tenía comprometida sosteniendo al matrimonio por la recta “cinturas Pérez torcidas y replegadas entre sí cual bandoneón”, verá que la pareja se cae sobre la línea napoleónica o de dolor de panza de su brazo que por unos instantes será el único sostén de la familia. Con la mano recientemente liberada proceda a agarrar un extremo y, la que tenía tocándose la panza, deslícela por adentro del matrimonio hasta llegar al otro. Verá que al expandir sus manos estas estarán sujetando a los Pérez por una nueva recta que podremos bautizar, “pechos y rodillas maritales intercalados y doblegados de manera asombrosa”.

Sepa que está a un paso de concluir el proceso, ¿vio que no era tan difícil? observe atentamente hacia abajo. A la altura de sus rodillas encontrará dos lados bien distinguibles del matrimonio, uno desprolijo y rugoso que tiene que ver con pies y cabezas y el otro parejito e impecable que culmina en la recta “cinturas Pérez torcidas y replegadas entre sí cual bandoneón”.

Ahora acérquese a la cama. Ya no importa si esta se encuentra cerca de un ventanal, en este punto el peligro es prácticamente nulo. Apoye al matrimonio con las cabezas y pies hacia arriba y con la cara más perfecta del lado de abajo. Finalmente haga lo que todos solemos hacer, en términos técnicos se trata de llevar la recta “cinturas Pérez torcidas y replegadas entre sí cual bandoneón” sobre la recta “pechos y rodillas maritales intercalados y doblegados de manera asombrosa” y, en términos prácticos, se trata de esconder el lado más tirante y desprolijo del matrimonio dentro de un envoltorio que luzca perfecto e ideal.


[1] Para mayor abundamiento lea la desgarradora crónica “No se culpe a nadie” y comprenderá lo que determinadas prendas son capaces de hacerle a los humanos.

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