|
Un diálogo con Marcelo di Marco, autor de Taller de corte & corrección.
Guía para la creación literaria (Editorial Sudamericana), cuya tercera
edición acaba de ver la luz bajo el sello DEBOLSILLO.
Más de 10.000 ejemplares editados de esta obra hablan por sí mismos del
éxito de un libro imprescindible, ya un clásico a esta altura, para
escribir más y mejor. Marcelo es también autor de Hacer el verso,
Atreverse a escribir y Atreverse a corregir (los dos últimos en
coautoría con Nomi Pendzik), todos de Editorial Sudamericana. En esta
charla, nos cuenta los motivos de la difusión de su obra, qué hay que
tener en cuenta a la hora de escribir y corregir, y cuáles son los
autores que todo escriba debe leer.
¿A qué atribuís el éxito de Taller de corte & corrección. Guía para
la creación literaria?
Por
un lado pienso que es un libro muy amigo. Charla con el lector, como si
este tuviera un coordinador de taller en su casa. Además, brinda técnicas
muy precisas que los escritores usan en sus textos. Conrad planteaba dos
premisas básicas: ser claro y sencillo. Además del talento y del amor por
la lectura, el autor novel necesita una guía tanto contra el lenguaje
ampuloso como contra el escuálido. Este es un libro escrito no para mí
sino para la gente, con multiplicidad de ejemplos prácticos.
¿A qué responde el título del libro?
El
corte, que consiste en la eliminación de una coma, un adjetivo,
hasta un cuento entero, es una de las tantas tareas englobadas dentro de
la corrección. La corrección no solo es corte. También es la
ampliación, el desarrollo. Siempre se puede ser mucho más expresivo para
lograr que el lector llegue a una conclusión. Se trata de no decir “tal
sujeto es colérico”. Mucho mejor es mostrar cómo ese sujeto es colérico,
ponerlo en acción. Lo primero es sacar la maleza, luego sigue el
desarrollo del texto. Además, hay una pedagogía especial para cada cuento.
Lo que sirve para un texto no necesariamente es útil para otro. Un
ejemplo: hace años una chica trajo al taller un poema donde “dios”
aparecía así, con minúscula. Le dije que debía llevar mayúscula, pues se
trataba de un nombre propio. Ese mismo día, a la noche, otro alumno
también trajo un cuento con la palabra “Dios”, pero con mayúscula. A la
inversa, le dije que debía ir con minúscula, pues al final del escrito se
revelaba que el relator era el innombrable; en consecuencia, este no
hubiera llamado a “Dios” con mayúscula, sino todo lo contrario. El
contexto es el único que pone las reglas. Siempre.
¿Es mejor corregir mientras se escribe o redactar un texto completo para
comenzar después la etapa de corrección?
Depende. Ese espléndido narrador que es Fernando Sorrentino tenía un
cuaderno donde iba creando sus historias. Él las escribía en las páginas
pares. Y las impares las reservaba para proceder, luego, a redactar de
modo literario el boceto de las pares. Eso lo hacía antes, ahora Fernando
inventa y corrige al mismo tiempo. Este proceso es el más habitual, pero
no el más recomendable para los novatos. Nadie escribe bien al primer
intento. La diferencia está en cómo y cuánto se corrija. Al escritor novel
le recomiendo que escriba todo lo que sepa sobre una historia. Y después,
que relea. Y después de la relectura, que amplíe, corte, etc.
En el proceso de corrección, ¿es indispensable la visión de otra persona?
Es
esencial. Todos los escritores tienen una persona que ve su obra. Kafka
tenía a Max Brod, por ejemplo. Todos tenemos un lector al que mostrarle
las cosas. En algún momento, uno pierde la objetividad. Y la mirada de un
coordinador o de un amigo puede cambiarnos la vida, o al menos la
escritura. Hay que tratar de ser humilde y tener conciencia del error. En
mi caso, mi esposa, Nomi, es la lectora.
¿Se puede aprender a escribir?
Se
puede aprender a corregir. Para escribir, a la pasión por la palabra se le
debe agregar un bagaje cultural amplio. No solo de literatura; también de
música, cine, arte en general. A eso se le suma la experiencia personal.
No se puede escribir literatura sin pasión por la palabra. Más allá de lo
técnico está el misterio de la obra. Es a partir de la vocación que
se puede llegar a trabajar en un texto. Por su parte, el coordinador o
editor no debe dar su opinión personal, manifestar sus caprichos, sino
mostrarle al autor qué reclama a gritos el texto que ha traído al taller.
Eso sí, hay que tener cuidado con algunos coordinadores de taller para los
que “todo está bien”. Escribir y corregir un cuento son tareas difíciles.
Mucho más fácil (e inútil) es decir que no hay problema alguno.
¿Cuáles son los principales problemas que observás en los textos de
escritores principiantes?
En
general, la expresión ha mejorado bastante. No hay tanta ampulosidad al
escribir como hace unos años. Pero lo que sí falla habitualmente es el
desenlace de los relatos. Vos fijate que, en líneas generales, todo cuento
bien contado se compone de cuatro momentos:
a)
Situación inicial: es el estado de cosas previo a que el cuento empiece.
b) Situación disparadora: trae un conflicto,
algo que interfiere en el estado de cosas establecido al comienzo.
c)
Trama: se juegan todas las tensiones y distensiones que provoca ese
conflicto.
d)
Desenlace: se produce inevitablemente esa liberación de tanta tensión, la
resolución.
Bien, lo que pasa muchas veces es que solo se plantea la situación
inicial, o no hay un desenlace acorde al resto del texto. Hay dos
preguntas que debe hacerse el autor al concluir un cuento: ¿Cumplí lo que
prometí? ¿Prometí lo que cumplí?
Hasta un genio como Guy De Maupassant sufrió este problema en su novela
Fuerte como la muerte. Un señor se enamora de la hija de su amante. Y
mientras va aumentando la tensión del personaje y del relato, el final es
absolutamente decepcionante: el hombre muere atropellado por un carro. Una
lástima.
¿Qué autores le recomendarías leer al aspirante a escritor, para mejorar
sus textos?
Entre otros clásicos, Maupassant, Chejov, Poe, London, Stevenson y
Quiroga. También Roald Dahl (sobre todo el de Relatos de lo inesperado),
el primer Stephen King y Patricia Highsmith. De los argentinos: Jorge Luis
Borges, Vicente Battista, Fernando Sorrentino, Abelardo Castillo, Liliana
Heker, Isidoro Blaisten, Carlos Chernov, Carlos Gardini, Gustavo Nielsen,
Guillermo Martínez.
Y los clásicos del policial negro: Goodis,
McCoy, Cain, Chandler, Hammett, Jim Thompson.
Con
sus propias obras maestras, todos estos autores enseñan que
el mejor estilo es aquel que expresa las ideas con las palabras más
adecuadas (no las más “correctas”), y además con la menor cantidad posible
de palabras. Pero, como dijo Hemingway, “escribir bien es imposiblemente
difícil”. Por eso la necesidad de una guía que enseñe qué cortar y por
qué. Y bueno, Taller de corte y corrección vuelve a las librerías
para aportar su grano de arena en este apasionante proceso de la creación
literaria.
Volver a la página de Notas de El
Escriba
|