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"EL CONTEXTO ES EL ÚNICO QUE PONE LAS REGLAS"

Una charla con Marcelo di Marco, autor de Taller de corte & corrección. Guía para la creación literaria, Editorial Sudamericana.

Entrevista de David Landesman

Un diálogo con Marcelo di Marco, autor de Taller de corte & corrección. Guía para la creación literaria (Editorial Sudamericana), cuya tercera edición acaba de ver la luz bajo el sello DEBOLSILLO. Más de 10.000 ejemplares editados de esta obra hablan por sí mismos del éxito de un libro imprescindible, ya un clásico a esta altura, para escribir más y mejor. Marcelo es también autor de Hacer el verso, Atreverse a escribir y Atreverse a corregir (los dos últimos en coautoría con Nomi Pendzik), todos de Editorial Sudamericana. En esta charla, nos cuenta los motivos de la difusión de su obra, qué hay que tener en cuenta a la hora de escribir y corregir, y cuáles son los autores que todo escriba debe leer.

¿A qué atribuís el éxito de Taller de corte & corrección. Guía para la creación literaria?

Por un lado pienso que es un libro muy amigo. Charla con el lector, como si este tuviera un coordinador de taller en su casa. Además, brinda técnicas muy precisas que los escritores usan en sus textos. Conrad planteaba dos premisas básicas: ser claro y sencillo. Además del talento y del amor por la lectura, el autor novel necesita una guía tanto contra el lenguaje ampuloso como contra el escuálido. Este es un libro escrito no para mí sino para la gente, con multiplicidad de ejemplos prácticos.

¿A qué responde el título del libro?

El corte, que consiste en la eliminación de una coma, un adjetivo, hasta un cuento entero, es una de las tantas tareas englobadas dentro de la corrección. La corrección no solo es corte. También es la ampliación, el desarrollo. Siempre se puede ser mucho más expresivo para lograr que el lector llegue a una conclusión. Se trata de no decir “tal sujeto es colérico”. Mucho mejor es mostrar cómo ese sujeto es colérico, ponerlo en acción. Lo primero es sacar la maleza, luego sigue el desarrollo del texto. Además, hay una pedagogía especial para cada cuento. Lo que sirve para un texto no necesariamente es útil para otro. Un ejemplo: hace años una chica trajo al taller un poema donde “dios” aparecía así, con minúscula. Le dije que debía llevar mayúscula, pues se trataba de un nombre propio. Ese mismo día, a la noche, otro alumno también trajo un cuento con la palabra “Dios”, pero con mayúscula. A la inversa, le dije que debía ir con minúscula, pues al final del escrito se revelaba que el relator era el innombrable; en consecuencia, este no hubiera llamado a “Dios” con mayúscula, sino todo lo contrario. El contexto es el único que pone las reglas. Siempre.

¿Es mejor corregir mientras se escribe o redactar un texto completo para comenzar después la etapa de corrección?

Depende. Ese espléndido narrador que es Fernando Sorrentino tenía un cuaderno donde iba creando sus historias. Él las escribía en las páginas pares. Y las impares las reservaba para proceder, luego, a redactar de modo literario el boceto de las pares. Eso lo hacía antes, ahora Fernando inventa y corrige al mismo tiempo. Este proceso es el más habitual, pero no el más recomendable para los novatos. Nadie escribe bien al primer intento. La diferencia está en cómo y cuánto se corrija. Al escritor novel le recomiendo que escriba todo lo que sepa sobre una historia. Y después, que relea. Y después de la relectura, que amplíe, corte, etc.

En el proceso de corrección, ¿es indispensable la visión de otra persona?

Es esencial. Todos los escritores tienen una persona que ve su obra. Kafka tenía a Max Brod, por ejemplo. Todos tenemos un lector al que mostrarle las cosas. En algún momento, uno pierde la objetividad. Y la mirada de un coordinador o de un amigo puede cambiarnos la vida, o al menos la escritura. Hay que tratar de ser humilde y tener conciencia del error. En mi caso, mi esposa, Nomi, es la lectora.

¿Se puede aprender a escribir?

Se puede aprender a corregir. Para escribir, a la pasión por la palabra se le debe agregar un bagaje cultural amplio. No solo de literatura; también de música, cine, arte en general. A eso se le suma la experiencia personal. No se puede escribir literatura sin pasión por la palabra. Más allá de lo técnico está el misterio de la obra. Es a partir de la vocación que se puede llegar a trabajar en un texto. Por su parte, el coordinador o editor no debe dar su opinión personal, manifestar sus caprichos, sino mostrarle al autor qué reclama a gritos el texto que ha traído al taller. Eso sí, hay que tener cuidado con algunos coordinadores de taller para los que “todo está bien”. Escribir y corregir un cuento son tareas difíciles. Mucho más fácil (e inútil) es decir que no hay problema alguno.

¿Cuáles son los principales problemas que observás en los textos de escritores principiantes?

En general, la expresión ha mejorado bastante. No hay tanta ampulosidad al escribir como hace unos años. Pero lo que sí falla habitualmente es el desenlace de los relatos. Vos fijate que, en líneas generales, todo cuento bien contado se compone de cuatro momentos:

a) Situación inicial: es el estado de cosas previo a que el cuento empiece.

b) Situación disparadora: trae un conflicto, algo que interfiere en el estado de cosas establecido al comienzo.

c) Trama: se juegan todas las tensiones y distensiones que provoca ese conflicto.

d) Desenlace: se produce inevitablemente esa liberación de tanta tensión, la resolución.

Bien, lo que pasa muchas veces es que solo se plantea la situación inicial, o no hay un desenlace acorde al resto del texto. Hay dos preguntas que debe hacerse el autor al concluir un cuento: ¿Cumplí lo que prometí? ¿Prometí lo que cumplí?

Hasta un genio como Guy De Maupassant sufrió este problema en su novela Fuerte como la muerte. Un señor se enamora de la hija de su amante. Y mientras va aumentando la tensión del personaje y del relato, el final es absolutamente decepcionante: el hombre muere atropellado por un carro. Una lástima.

¿Qué autores le recomendarías leer al aspirante a escritor, para mejorar sus textos?

Entre otros clásicos, Maupassant, Chejov, Poe, London, Stevenson y Quiroga. También Roald Dahl (sobre todo el de Relatos de lo inesperado), el primer Stephen King y Patricia Highsmith. De los argentinos: Jorge Luis Borges, Vicente Battista, Fernando Sorrentino, Abelardo Castillo, Liliana Heker, Isidoro Blaisten, Carlos Chernov, Carlos Gardini, Gustavo Nielsen, Guillermo Martínez.

Y los clásicos del policial negro: Goodis, McCoy, Cain, Chandler, Hammett, Jim Thompson.

Con sus propias obras maestras, todos estos autores enseñan que el mejor estilo es aquel que expresa las ideas con las palabras más adecuadas (no las más “correctas”), y además con la menor cantidad posible de palabras. Pero, como dijo Hemingway, “escribir bien es imposiblemente difícil”. Por eso la necesidad de una guía que enseñe qué cortar y por qué. Y bueno, Taller de corte y corrección vuelve a las librerías para aportar su grano de arena en este apasionante proceso de la creación literaria.

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