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MASLÍAH SOBRE LA ESCRITURA
Leo
Maslíah es un escritor y músico uruguayo que sorprende desde hace unos
cuantos años con sus nada comunes creaciones (literarias y musicales). Entre
otras excentricidades, Maslíah suele responder a las entrevistas
exclusivamente por escrito, ¡aunque el entrevistador esté al lado suyo! Con
más de veinte libros publicados, hace muy pocas semanas se editó
"Libretos", su última obra. El domingo 9 de mayo de
2004se
publicó una muy interesante entrevista en el diario argentino Página 12,
realizada por Martín De Ambrosio, en la cual Leo Maslíah habló (en
realidad, escribió) sobre unos cuantos aspectos de la creación literaria.
Compartamos esta pieza periodística en su totalidad, pues no tiene
desperdicio.
Para el uruguayo Leo Maslíah (músico, dramaturgo, director de teatro y,
desde luego, escritor) hablar de su propia obra literaria es algo arduo. A las
obvias dificultades de la falta de perspectiva que implica referirse a lo que
uno hace, Maslíah le suma cierta –y justificada– desconfianza al trabajo
de prensa. Su última novela, Libretos, es tal vez menos graciosa o
divertida que sus obras anteriores, pero quizás esta característica se vea
compensada con algún otro alcance que pueda tener (y del que Maslíah, casi
por una cuestión de principios, se rehúsa a hablar). En el mundo de Libretos
cada persona, cada mañana, recibe un libreto que le indica qué tiene que
hacer, qué frases tiene que decir, a qué debe aspirar. Los libretos,
emitidos quién sabe por quién, ordenan la vida. Y, si bien en un momento se
puede pensar que la novela buscaba remitir a la discusión filosófica
“determinación vs. libre albedrío”, después más bien parece referirse
a la imposición a través de la mercadotecnia de conductas y consumos masivos
actuales. Pero a Maslíah no le interesa discutir la cuestión: “No puedo
estar de acuerdo o no con que vos pienses o hayas pensado una cosa y después
otra. Pero si me preguntás si estoy de acuerdo con que la novela busque
remitir a la discusión filosófica que mencionás, o que tenga por referencia
eso otro que decís, la respuesta es no. No creo que ninguna novela se pueda
reducir a (ni interpretar como) una ‘referencia’ como la que decís”.
Probemos por otro lado. Los personajes de anteriores ficciones de Maslíah tenían
cierta imposibilidad de dialogar razonablemente; ahora parecen responder a un
orden superior –los libretos, desde luego– que, aunque sea un “orden
desordenado”, tan loco como aquellos personajes, al menos es un orden. ¿El
cambio es deliberado? “No sé a qué llamás dialogar ‘razonablemente’,
pero para poder entenderlo habría que ver si dialogan razonablemente los
personajes de las ficciones de, por ejemplo, Cervantes, Rabelais, Swift, Corín
Tellado, Mary Shelley, Bioy Casares, Balzac, Marechal, Victor Hugo, Tolstoi,
Dostoievsky, Kafka, Agatha Christie, y cuál es la ‘razonabilidad’ que hay
en sus diálogos y que se halla ausente en los de las ficciones mías a las
que aludís.” En definitiva, para Maslíah “todo está en la novela.
Cualquier cosa que se pueda decir sobre el tema y que no esté en la novela no
va a ser parte de ella, por lo cual, como explicación, va a ser falsa”.
Entonces, la siguiente pregunta era en cierto sentido inevitable: ¿Es que es
imposible hablar de esta novela, o de cualquier novela, sin dar una explicación
falsa de ella? ¿Es fatalmente falso cualquier discurso sobre la literatura?
La respuesta, larga, tal vez brinde algún indicio del pensamiento que
sustenta la obra del uruguayo. “No, creo que no es para nada imposible
hablar, no sólo de una novela sino de cualquier cosa, sin dar explicaciones
falsas. Pero vamos a suponer que yo escribo un cuento que dice solamente
Fulano entró a un bar, comió y se fue sin pagar. Vos me preguntás ‘¿por
qué se fue sin pagar? ¿Se olvidó? ¿O no tenía plata? ¿O fue por otra razón?’.
Supongamos que yo te contesto ‘no, no se olvidó, y tenía plata, pero no
quería pagar, consideraba que esa gente tenía el deber de alimentarlo
gratuitamente’. Si el cuento no fuera un cuento sino una crónica de un
hecho, entonces yo, como cronista, puedo llenar la laguna de la crónica con
esa explicación. Acá las palabras son un nexo entre una situación y gente
que quiere conocer esa situación. La situación existe más allá de las
palabras que se usen para contarla, falsearla o lo que sea. Pero como mi
cuento es un cuento y no una crónica, si yo te digo eso de que el tipo
consideraba que esa gente tenía el deber de alimentarlo, pero no lo puse en
el cuento ni lo di a entender de ninguna manera, estoy dando una explicación
falsa. Puede ser una explicación de mi motivación para escribir, pero no es
en absoluto una explicación del cuento, o si lo es, es una explicación
falsa. Este tipo de confusión es típico de la actualidad, ya que la mayoría
de los lectores leen ficciones creyendo que las palabras les están contando
algo que existe más allá de cuáles hayan sido elegidas para contarlo, y la
mayoría de los autores colaboran en este engaño dando discursos sobre lo que
quisieron decir, que parece que vale mucho más que lo que dijeron (esto último
exime a gran parte del público de leer los libros, de modo que los lectores
dejan de ser tales).”
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