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PALABRA DE AUGUSTO MONTERROSO

El 7 de febrero de 2003 fallecía el autor guatemalteco Augusto Monterroso, uno de los grandes de la literatura de habla hispana del siglo XX. A un año de su muerte, el interesante boletín electrónico Notiliteratura (NotiLiteratura@yahoo.com) recopiló algunas de sus declaraciones más inspiradas a la prensa. Vale la pena compartir algunas de ellas:
 
''Me crié en medio de una familia muy literaria. Mi padre era periodista; publicaba revistas literarias y, naturalmente, el ambiente que se vivía en mi casa era, en verdad, de locura artística. Lo mío es una herencia cultural familiar. Para mí los libros eran alimento de todos los días, desde niño. Me formé leyendo mucho a autores griegos y latinos. Yo era tan pobre que no podía comprar libros en Guatemala. Entonces me refugié en las bibliotecas públicas, pero éstas, a su vez, eran tan pobres que sólo tenían libros buenos. Esa conjunción de dos pobrezas hizo que yo encontrara a los mejores autores: a los clásicos, porque, repito, las bibliotecas de los países pobres latinoamericanos no tienen presupuestos para comprar lo que está saliendo; apenas si pueden conservar lo que poseen. La misma pobreza me hizo no distraerme en lo nuevo, en lo que está de moda. Esa es una paradoja, la necesidad se convirtió en un beneficio."

''Mis preocupaciones políticas las dejé siempre para la acción, para las manifestaciones de la calle, para las adhesiones a causas, pero no puse la literatura al servicio de esto. La literatura es otra cosa. Por eso tengo cuentos y ensayos con intenciones políticas, pero fundamentalmente quiero hacer una obra literaria artística. Si logro a través de lo literario y lo artístico reflejar una preocupación política, qué bien."

''Es un viejo consejo latino. El poeta Horacio aconsejaba guardar lo que se escribe por lo menos nueve años, a fin de que, con el paso de ese tiempo, sean otras las circunstancias del escritor para valorar su trabajo. Por eso mucha gente publica muchas cosas malas, porque lo hacen todavía con el entusiasmo de lo que acaban de pensar y de escribir. Y ese entusiasmo es mal consejero. Hay que ver las cosas que se dicen ya bien fríos, serenos. Efectivamente, con el paso del tiempo puede uno ser buen crítico de sí mismo y decidir si corrige o de plano rehace lo escrito. El de Horacio es un consejo, desde luego no una orden ni una prohibición de hacer lo contrario; el que quiera tomarlo que lo tome. Cuando dirigía talleres literarios, les aconsejaba a mis alumnos algo todavía más drástico que guardar sus textos nueve años. Les aconsejaba quemarlos y, ante el asombro de ellos, decía: sí, quémalo, pero antes sácale una copia. Depende de cada quien el uso de lo que le aconsejan. Hay otro planteamiento que dice si se debe escribir en el momento en que se vive la emoción o esperar y hacerlo en una forma fría y distanciada. ¿Qué será mejor? Eso sólo lo puede demostrar el producto final."