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| Textos seleccionados PALABRA
DE OSVALDO SORIANO En el 2003 se comenzó a reeditar la obra completa de
uno de los principales escritores argentinos de las últimas décadas: Osvaldo
Soriano. Autor de Triste, solitario y final y Cuarteles de
invierno, entre muchas otras obras, Soriano se destacó (falleció en 1997)
por la calidad de sus textos y, fundamentalmente, por la extraña capacidad de
interesar a miles de lectores. Soriano era un hombre que escribía y vendía muy
bien. Combinación infrecuente, si las hay. Como consecuencia de este acontecimiento editorial, el
diario argentino Página 12 publicó una serie de testimonios del
propio Osvaldo Soriano, quien se refería así a diversos aspectos de su
vida como escritor: "El
más lejano recuerdo que yo tengo de un relato es el de mi mamá contándome
historias desopilantes del Gordo y el Flaco, que ahora yo le cuento a mi hijo.
Hasta me acuerdo de las imágenes de esas historias, por ejemplo, la del Gordo y
el Flaco saltando un paredón al huir. Con el tiempo me he dado cuenta de que en
casi todas mis novelas alguien salta paredones: porque siempre creí que en ello
hay una suerte de pequeña épica; saltar un paredón significa salvarse." "Yo
me metí en el texto (nota: se refiere a su novela Triste, solitario y
final) como personaje para divertirme: después pensaba sacarme. Pero
cuando empecé a dar a leer a los amigos y vi que funcionaba, lo fui dejando
para más adelante. Hasta que un día terminé." "Cuarteles
de invierno
nació un poco por casualidad, a fines del ´76, por un encargo de una editorial
que quería un cuento. Traté de reelaborar un recuerdo muy fresco de unos pocos
meses pasados en la Argentina de esa época, ya que partí del clima de miedo
que se respiraba entonces. Pero como a mí no me salen cuentos, me quedé con la
historia que había inventado y de a poco nació la novela. La idea era poner en
un mundo autoritario y dictatorial a dos personas que, por su oficio, están
aparentemente afuera de la política." "Creo
que empecé a considerarme escritor en un sentido inexorable cuando terminé Cuarteles
de invierno. Estaba viviendo en Bélgica, era mi tercera novela y no sé
por qué pensaba que lo que tenía que decir un novelista lo diría en cuatro
novelas. Tal vez influenciado por Chandler o algunos ejemplos nacionales:
Sarmiento, Arlt. Quizá también por la situación personal, por estar viviendo
en una lengua con la que no podía ser periodista, que era lo que había hecho
en la Argentina. Me ganaba la vida limpiando escritorios, y me di cuenta de que
era absolutamente inhábil para hacer cualquier otra cosa que no fuera sentarme
a escribir." |