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| Textos seleccionados LOS REHENES QUE NUNCA EXISTIERON No por trillado, es menos cierto que la principal competidora de la ficción
es la cruda realidad. El viernes 27 de julio de 2001 sucedió un insólito hecho en pleno
centro de la ciudad de Buenos Aires: un enorme batallón de 300 policías fue a
rescatar rehenes que nunca existieron. Dio cuenta de este hecho una excelente crónica del diario Clarín,
lamentablemente sin firma de autor, del cual extraemos los siguientes párrafos,
rebosantes de humor involuntario. Nuestras acotaciones van en cursiva. "El
episodio emezó cerca de las cuatro de la tarde en el edificio ubicado en Maipú
853. A esa hora, el empleado de una oficina del tercer piso sintió ruidos y
gritos en el piso superior, según la policía. Alarmado, subió a ver qué
pasaba. Al llegar el empleado escuchó una voz que decía: ´A partir de este
mmento, van a empezar a morir´. Luego más ruidos, como si alguien pusiera
muebles contra la puerta." En este punto, el empleado llamó a la policía y comenzó un
espectacular operativo con 300 hombres, helicópteros, patrulleros,
evacuaciones, medios de comunicación y toda la puesta en escena. En tanto,
arreciaban los rumores. El más exitoso decía que una banda de delincuentes había
entrado a robar a una empresa y tenía a 22 clientas como rehenes. Sigue la crónica,
con el desopilante encuentro entre los guardianes del orden y los presuntos
secuestradores. "Adentro
del edificio un negociador del Grupo Especial de la Policía (GEOF) golpeó la
puerta de la oficina donde supuestamente estaban los rehenes. La respuesta que
recibió lo desorientó: ´No te creemos que sos policía. ¿Cómo sabemos que
no sos un asaltante que nos quiere tomar de rehén?´. El negociador insistió.
Pasó por debajo de la puerta su credencial de policía, para probar que decía
la verdad. Se la devolvieron. ´¿Cómo sabemos que no es falsa?´, le
dijeron." El sentido común indica que aquí terminó la historia. Si los
supuestos secuestradores dicen temer a los supuestos secuestradores, el avezado
negociador policial bien podría haber pensado que todo era una lamentable
confusión. Pero sigue una maravillosa paradoja de la lógica policíaca, que
envidiarían Sherlock Holmes y Hércules Poirot: "El
jefe del GEOF explicó que entonces la Policía se convenció de que estaba ante
una toma de rehenes. ´Es habitual que los delincuentes le hagan decir a los
rehenes que no pasa nada´, explicó. Así, el negociador retrocedió. Los policías
llamaron por teléfono a la oficina y nadie les respondió. Desde un edificio
vecino, con largavistas vieron que había gente moviéndose de un lado para
otro, con nervios . Usaron micrófonos ampliifcadores y escucharon gritos. La
confusión aumentó. Pasaron más de dos horas. Hasta que los policías vieron
que se abría una ventana del edificio y alguien arrojaba un papel. Corrieron a
recogerlo. ´Somos 22 y estamos bien. Ayúdenos´, se leía en el mensaje. También
había un número de teléfono." He aquí cuando a alguien se le ocurrió llamar al número de marras,
donde respondió un falso secuestrador, que en realidad creía ser un falso rehén.
La Policía, más desorientada que nunca, convenció a esta gente que saliera.
13 mujeres y 9 hombres, asustadísismos, salieron del departamento y fueron
trasladados a una comisaría, donde dieron la explicación de todo el
entuerto: "Allí
explicaron que estaban tomando un curso sobre ´Entrenamiento de liderazgo y
autocontrol´. dijeron que estaban teatralizando qué hubieran hecho si estaban
en el Titanic cuando se hundió y que no percibieron lo que pasaba. Poco después
liberaron a las 22 personas. El padre de una de ellas dijo: ´Pagaban 200 pesos
por un curso de filosofía Feng Shui, desarrollo y control mental´. Hay distintas versiones sobre la continuación de esta historia. Algunos
dicen que la Policía tomará cursos de "liderazgo y autocontrol".
Otros alegan que los muchachos y muchachas del Feng Shui evitarán el
Titanic y que se dedicarán a teatralizar tomas de rehenes en presencia de
hordas policiales, aprovechando su experiencia. Pero, concluyendo, ¿se animan a escribir una ficción tan increíble y
ridícula como esta crónica? |