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LAS "HISTORIAS COLECTIVAS" DE BORIS AKIS

Habitualmente arriban a la redacción de EL ESCRIBA decenas de libros, de editoriales grandes y pequeñas, enviados por multinacionales del libro y por autores que se costean sus ediciones con mucho sacrificio.

Las últimas, sin apoyo de marketing ni de publicidad, nos dan a veces muy gratas sorpresas.

Justamente, hace pocos días nos llegó una pequeña joyita: el libro Historias colectivas, de Boris Akis, Buenos Aires, Octubre de 2001, editado por el autor. Se trata de un conjunto de narraciones breves, todas ellas circulando al compás de las líneas de transporte público (los colectivos, como se los llama por aquí) de la ciudad de Buenos Aires.

Con mucho humor, inteligencia y capacidad de observación, Boris Akis consigue aquí dar otra dimensión al cotidiano trajinar de esas moles urbanas, unidades de transporte de gran parte de nuestras mejores y peores historias de vida.

Va aquí, a modo de muestra, una de las viñetas de este libro que, por si no quedó claro, recomendamos fervientemente.

Ah, si quieren conseguirlo envíen un e-mail a la siguiente dirección: sagoff@ungs.edu.ar, donde les dirán cuál es su valor y cómo adquirirlo.

    "Ser alumno de Filosofía en un país tan vago como éste es exponerse de algún modo. Digo vago, no de vagancia, sino de ambigüedad, de indeterminación. La célebre expresión "este país da para todo" refiere esa suerte especial en la que todo puede ocurrir... o, más bien, nada. O cualquier cosa.

    Bien, retorno, estaba yo cursando el tercer año y me disponía a casi no entender nada de Hegel. Nuestro profesor, J. P. Ouinon, se desvivía por nuestro atolondramiento ante la Fenomenología del Espíritu. Un día llegó con una novedad, nos dijo que entendía perfectamente nuestra perplejidad y que la respuesta la encontaríamos en la página 313 de la Guía de Colectivos. Nos miramos y creímos que había enloquecido, buscando una forma de explicarnos Hegel. Pero él insistió y nos dijo que si queríamos entender (o empezar a entender, eso dijo) viéramos el resumen del recorrido del Cincuenta y dos. "Fijensé, nos dijo, que la expresión ´no levanta pasajeros para descender en Capital Federal´ es dialéctica pura. E´sir ascenso-descenso como negación. La expresión misma es la negación de la idea positiva de colectivo: un colectivo que no colecta".

    Toda esta explicación me resultó totalmente oscura, pero fatalmente atractiva. Como una invitación. Me fui a Plaza Once y me tomé el Cincuenta y dos a Luján. Me ubiqué en el anteúltimo asiento y me dispuse a disfrutar de un largo viaje, con un buen libro como compañía. Pensé que el conocimiento no se adquiere, se vive.

    Dos semanas después tuve un examen sobre Hegel. No lo aprobé, pero ahora lo entiendo."