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RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN EN EL DIARIO CRÍTICA

Acaba de aparecer una biografía del uruguayo Natalio Botana, uno de los más grandes editores del Río de la Plata, creador del mítico diario porteño Crítica, que albergó a los mejores escritores de las décadas de 1920 y 1930, de Borges a Arlt. El tábano, de Álvaro Abós, Editorial Sudamericana, cuenta con síntesis y una buena cantidad de perlitas la historia de este "Ciudadano Kane" criollo, quien supo edificar un imperio periodístico a partir de la nada, en épocas mejores, cuando el más furioso sensacionalismo podía ir de la mano de plumas como la de Arlt o los hermanos González Tunón.

Entre los detalles más curiosos que pueblan esta biografía se transcribe una extraña poesía de Raúl González Tuñón, titulada "Poema a la Hoe", de 1927. La Hoe era, ni más ni menos, que la marca de las míticas rotativas que permitían la edición de cientos de miles de diarios, una gran atracción popular en épocas en las cuales había progreso y fascinación por el mismo. Aquí va esta oda a una máquina:

El diario ha florecido grandes plantas de hierro.

La Hoe es el corazón de Buenos Aires.

La Hoe es el corazón del tiempo.

La Hoe es el domingo del maquinismo, una canción de acero,

fiesta de los tornillos aceitados, alegría de la velocidad.

Ruedas ligeras, tuercas como ideas

en el gran cerebro de acero.

Somos la juventud d ehoy, la de ayer, y la de mañana.

Somos los que nos emocionamos ante los caminos de hierro

más que ante los crepúsculos de bambalinas baratas.

Somos los que nos emocionamos ante los blancos rascacielos

más que ante las reliquias y polvorosas estampas.

Todo el rumor de la ciudad, todo el aliento de la pampa.

Somos los hombres nuevos recién llegados al mundo.

Tenemos las manos firmes y el corazón cantando.

Nos rodean las casas altas y la miseria y el dolor.

Y la injusticia y la fatiga -y vivimos en esperanza.

En la casa de los poetas hay un gran stock de alegría.

¡Cómo canta la Hoe!

Se alza una canción estremecida;

por un lado tritura el papel blanco

y por el otro parte la hoja florecida.

Afiche: los nombres sonoros,

la máquina grávida...

¡Crítica, Crítica, Crítica!

Hay que abrir más ventanas, hay que abrir más ventanas

en la ciudad, al cielo:

las ventanas cordiales de paisajes distintos;

decir, abrir palabras como se abren caminos...

Y llamear en el puerto banderas generosas

Y empapelar las lunas, símbolos del pasado,

blanquear las chimeneas, vibrar los rascacielos

escalando con gritos como el sol los tejados...

¡Recién venidos al mundo somos los hombres nuevos!

¡Hemos llegado ahora con las manos abiertas

y el corazón cantando!