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MARIO PUZO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UN PERSONAJE SECUNDARIO

Motivados por las protestas contra la impasible banda que gobierna la Argentina desde hace varias décadas (¿o siglos?), se nos dio por releer viejas (y no tan viejas) novelas sobre la Mafia. Y, por supuesto, empezamos por quien fue el verdadero inventor de este subgénero: el estadounidense Mario Puzo.

Ahora queremos compartir un divertido e instructivo párrafo de la novela de Puzo El último Don, donde se construye totalmente un personaje secundario en muy pocas líneas, con una extraña anécdota final que pinta al sujeto de cuerpo entero. Como hemos dicho más de una vez, tal vez los best-sellers no sean la mejor fuente literaria en la cual abrevar para saciar las demandas del espíritu. Pero sí constituyen la mejor de las fuentes para aprender a escribir. Es en la literatura popular donde escenas, tramas y personajes se revelan con suma transparencia y sin demasiadas vueltas. En otras palabras, aquí la arquitectura del texto está absolutamente a la vista. ¿Qué mejor para un escriba principiante?

Veamos entonces cómo Mario Puzo compuso este personaje de un productor cinematográfico de éxito en un párrafo tan breve como instructivo. De paso, te invitamos a apreciar la buena cuota de autoironía (el mismo Puzo era guionista de cine). Nos gustaría conocer tu opinión sobre el siguiente párrafo.

    "Skippy Deere había tenido que pagar un elevado peaje para entrar en la industria cinematográfica. Era hijo de un carpintero y ayudaba a su padre en los trabajos que éste hacía en las casas de las estrellas cinematográficas de Hollywood. En una de esas situaciones que probablemente sólo podían darse en Hollywood, se convirtió en amante de una estrella madura, la cual antes de deshacerse de él le consiguió un empleo de aprendiz en la empresa de su agente. Allí tuvo que trabajar muy duro y aprendió a dominar su ardiente naturaleza, pero sobre todo a mimar a los profesionales de talento, a implorar la colaboración de los nuevos y solicitados directores, a halagar a los jóvenes astros y a hacerse amigo y mentor de los arrogantes guionistas. Se burlaba de su propio comportamiento, citando a un gran cardenal de Renacimiento que había defendido la causa del papa Borgia ante el rey de Francia. Cuando el rey se bajó los calzones y dejó al descubierto sus posaderas para defecar en su presencia y manifestar de este modo el desprecio que sentía por el Papa, el cardenal exclamó, acercándose presuroso para besarlas:

    -¡Oh, es el culo de un ángel!"